Secuestradas en Nigeria

8. mayo 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Un Estado que no hace todo lo posible por proteger a sus ciudadanos no merece llamarse Estado, ni disfrutar de reconocimiento internacional. La pasividad del gobierno nigeriano ante el secuestro de 238 niñas a manos del grupo fundamentalista islámico Boko Haram, roza la frontera de la complicidad criminal.

Es difícil creer que el Estado nigeriano carezca de medios económicos y humanos para luchar contra unos cuantos descerebrados yihadistas (perdón por la redundancia), teniendo en cuenta que Nigeria es el país más rico de la mitad septentrional del continente africano. Pero resulta más increíble todavía que, ante esta supuesta insuficiencia, el presidente Goodluck Jonathan todavía no haya solicitado ayuda policial y militar a la comunidad internacional para resolver el secuestro de estas jóvenes.

Quizá para el gobierno de Abuya sea normal que unos cuantos terroristas irrumpan en la escuela para raptar a más de doscientas chicas con la intención de violarlas, prostituirlas y/o venderlas como esclavas sexuales en quién sabe qué putrefactos lugares del planeta. Quizá la comunidad internacional hubiera defendido con mayor firmeza los Derechos Humanos de estas jóvenes si las secuestradas fuesen alumnas rubias de una escuela de Chicago, Copenhague o Adelaida.

En cualquier caso, este acto terrorista es de la suficiente gravedad como para que las instancias supranacionales se impliquen en él de manera directa, quizá comenzando por investigar las fuentes de financiación de las que disfruta la escoria humana que lo ha perpetrado.

 

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