Sembrar el terror, desterrar el odio

5. junio 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Londres volvió este sábado a ser el escenario de la violencia terrorista. Mediante el asesinato de unos cuantos “infieles” y el sacrificio de algún que otro “mártir” con pocos medios materiales, los yihadistas pretenden que millones de personas cambien de forma de pensar y de actuar. Sembrar el terror para que después fructifique en forma de xenofobia.

Tras el atentado de Londres, el más peligroso de todos los neofascistas, Donald Trump, tardaba pocos minutos en tratar de aprovechar el dolor y la conmoción para intentar que los tribunales norteamericanos desbloquearan su discriminatoria política migratoria.

Ignora Trump que el yihadismo no tiene nada que ver con la religión, sino con el grado de influencia que unos cuantos fanáticos puedan tener en las psicopáticas mentes de unos pocos asesinos-suicidas.

También ignora Trump que el 95% de las personas asesinadas por los yihadistas son musulmanes. El pasado miércoles 31 de mayo, sin ir más lejos, 90 personas eran asesinadas en Kabul tras la explosión de un camión bomba en el barrio diplomático de la capital afgana, sin que el hecho motivara minutos de silencio a las puertas de las instituciones públicas europeas, ni masivos desplazamientos de enviados especiales por parte de los medios de comunicación occidentales para cubrir in situ la última hora de la tragedia.

Por eso, la mejor manera de luchar contra el terror que tratan de sembrar los yihadistas es desterrar el odio contra las comunidades musulmanas. Los terroristas quieren que sus acciones provoquen xenofobia, con el fin de que esta xenofobia sea después el caldo de cultivo perfecto para que legiones de musulmanes incrementen su aversión hacia Occidente. Quién sabe si de esa estrategia tan lucrativa para los fabricantes de armamento, participan también algunos descerebrados dirigentes de países democráticos.

En este contexto, urge estrechar los lazos con las comunidades musulmanas para que delaten a los posibles asesinos-suicidas que se esconden en su seno. También es necesario desmitificar las excusas religiosas que otros meten en sus podridas cabezas, empezando por esa que habla de los supuestos privilegios celestiales de los que disfrutarán los que asesinan en nombre de Alá. Y por último, es preciso incrementar los medios humanos y materiales para que las fuerzas de seguridad puedan estrechar el seguimiento de los sospechosos.

 

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