Sin recesión ni rescate

15. noviembre 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Irradiaba satisfacción y optimismo el ministro de Economía español después de saber que el Eurogrupo daba ayer por finalizado el proceso de rescate europeo de la banca española. Luis de Guindos (que también es recordado por haber ejercido como responsable de Lehman Brothers en España hasta la quiebra de la compañía) hablaba de una salida “limpia” de este programa de ayudas.

Tan “limpia” como las calles de Madrid, cabría añadir, teniendo en cuenta el coste social que esta “línea de crédito en condiciones ventajosas” (como la calificó en junio de 2012 el presidente Rajoy) ha supuesto para la economía de nuestro país y para la calidad de vida de muchas de las familias que residen en él.

Según las cifras macroeconómicas, y de acuerdo con lo aprobado ayer por el Eurogrupo, en España ya no hay recesión ni rescate, pero la realidad dice que tampoco hay un modelo de desarrollo económico sostenible para el país. Además, seguimos sin invertir en I+D, seguimos sin flujos de crédito bancario para autónomos y pymes, seguimos extorsionando a los trabajadores en activo para rebajarles sus salarios y sus derechos sociales (lo que está en el origen de la alarmante crisis de consumo interno que está arruinando el país), seguimos sin orientar las políticas económicas hacia la cobertura de los derechos sociales constitucionalmente reconocidos, seguimos incrementando la brecha entre ricos y pobres, y también seguimos privatizando servicios públicos que funcionaban perfectamente, con la única intención de regalar una nueva fuente de enriquecimiento a determinados grandes capitalistas cercanos, ideológica y epistolarmente, al partido en el Gobierno.

Los números dicen que hemos salido de la recesión y del rescate bancario, pero eso no evita que cada vez haya más casos de progenitores que afirman no tener hambre cuando sus hijos pequeños les preguntan que por qué no cenan hoy. Tampoco evita que cada vez haya más escolares que acuden al colegio deficientemente alimentados. Y tampoco evita que uno de cada cuatro españoles en disposición de trabajar (uno de cada dos, en el caso de los jóvenes) no encuentre modo alguno de poder ganar el dinero necesario para vivir. Y tampoco evita que muchos pensionistas pasen hambre o que el Estado se ría a mandíbula batiente de los derechos legales de miles de dependientes, mientras la Defensora del Gobierno (con empleo y sueldo como Defensora del Pueblo) dice que es “imposible” cumplir la ley vigente en materia de Dependencia (¿verá también “imposible” que el Estado se haya comido la basura hipotecaria de las entidades financieras españolas?).

Ni el fin de la recesión ni el fin del rescate bancario aporta consuelo alguno a los millones de víctimas de una crisis provocada, impulsada y gestionada por especuladores, banqueros y otras especies de la fauna neoliberal.

 

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