Sin utopía

7. abril 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

“Se echó al monte la utopía / perseguida por lebreles que se criaron / en sus rodillas / y que al no poder seguir su paso, la traicionaron; / y hoy, funcionarios / del negociado de sueños dentro de un orden / son partidarios / de capar al cochino para que engorde”. Con estas acertadas palabras describía Serrat hace 22 años a esas manadas de servidores del pensamiento único que ya entonces se esforzaban por acorralar a la utopía con la intención de acabar con ella.

Casi un cuarto de siglo después, y reforzados por la manipulación mediática y por la indiferencia social, estos sátrapas ya no se limitan a hostigar a los proyectos que parecen irrealizables en el momento de su formulación, sino que disfrutan fusilando los derechos sociales plenamente consolidados.

En el proceso de desalojo de las treinta y seis familias que ocupaban hasta ayer la Corrala Utopía de Sevilla, hay muchos culpables. El principal es un banco llamado Ibercaja, que tras la cortina de humo de una fingida negociación que nunca tuvo intención de concretar, antepone sus intereses empresariales sobre el destino de 36 familias condenadas a quedarse a la intemperie por culpa de un sistema económico que no tiene nada que ofrecerles.

El segundo culpable es un poder judicial incapaz de sentenciar que el derecho constitucional de todos los españoles a disfrutar de una vivienda digna y adecuada debe prevalecer, en caso de conflicto de intereses, sobre cualquier otra consideración política, legal, financiera o empresarial.

El tercer culpable es un poder legislativo sistemáticamente aliado de los grandes poderes económicos, y por lo tanto, contrario a cualquier posibilidad de aprobar reformas legales que garanticen el pleno cumplimiento del artículo 47 de la Constitución Española.

Y el cuarto y fundamental culpable es el pueblo español, mayoritariamente condescendiente con los tres culpables anteriores y responsable, por omisión, de todas sus tropelías contra la Constitución Española y contra la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Salvo unos cuantos miles de admirables activistas, podríamos decir que esa mayoría silenciosa de la que algunos presumen (y a la cual se le podrían aplicar también otros adjetivos como temerosa, bobalicona, egoísta, inculta o chulesca) es la diferencia entre el subdesarrollo que padece nuestro país en materia de derechos sociales, y el reconocimiento cotidiano de los mismos que se da en otros Estados de nuestro entorno.

Ayer desalojaron la Corrala Utopía de Sevilla, pero nunca podrán desalojar al ser humano de sus aspiraciones de justicia social. Como le decía Serrat a la utopía: “No pases pena / que antes que lleguen los perros, será un buen hombre / el que te encuentre / y te cuide hasta que lleguen mejores días”. Al fin y al cabo, “sin utopía / la vida sería un ensayo para la muerte”; por eso, desde CRÓNICA DE ARAGÓN, un tanto avergonzados por compartir comunidad autónoma con esa entidad llamada Ibercaja, queremos dedicar hoy esta canción a todas y cada una de las víctimas del desalojo de Corrala Utopía.

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