Soberbia absoluta

28. octubre 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La segunda sesión del tercer debate de investidura del año confirmó ayer que la falta de voluntad de diálogo ha sido la principal razón por la que España ha permanecido con un gobierno en funciones durante diez meses. Entre enero y octubre de 2016 nuestros políticos han actuado como si las urnas hubieran otorgado la mayoría absoluta a cada uno de sus partidos.

Los vetos cruzados y las líneas rojas, azules, moradas y naranjas han protagonizado una película de serie B en la que los directores del Ibex 35 no terminaban de encontrar al actor idóneo para representar el papel de capataz del sistema.

Y todo parece indicar que la soberbia va a seguir desahuciando al diálogo de la habitación que ocupaba en la casa legislativa de todos y todas.

Mariano Rajoy, un candidato que ayer apenas podía disimular la felicidad por el regalo que acababan de hacerle sus amigos socialistas, sacrificó una pieza menor en aras del consenso. El ofrecimiento de paralizar los efectos académicos de las reválidas Lomce, no es capaz de ocultar su autoritario llamamiento a la “responsabilidad” de las demás fuerzas políticas para cumplir con los dogmas sagrados, eternos e incuestionables que vaya desgranando el dios Mercado en cada momento, comenzando con la exigencia de un recorte presupuestario de 5.500 millones de euros.

A partir de ahí, poner en tela de juicio esos dogmas, es herejía; decir que hay en el hemiciclo más delincuentes potenciales que entre los manifestantes que se expresen este sábado junto al Congreso, es populismo; acusar a un partido de financiación extranjera, cuando los tribunales españoles han archivado todas las causas abiertas sobre el tema, es un brillante discurso parlamentario; negar la palabra desde la Presidencia del Congreso a un diputado aludido salvajemente por otro, es un ejercicio sensato de las funciones otorgadas a la máxima responsable de la Cámara.

El PP debería reflexionar sobre si el ultraderechista Rafael Hernando es el portavoz idóneo para una época que requiere mucho diálogo entre las cuatro principales fuerzas políticas del país. Y también debería cuestionarse la continuidad de Ana Pastor como presidenta del Congreso, después del grave incidente que ayer llevó al grupo parlamentario Unidos Podemos a abandonar el Pleno.

Pero lo que más urgentemente debería interiorizar el partido de Rajoy es que ni España es suya, ni la varita mágica que mañana le van a entregar sus amigos del PSOE y de Ciudadanos es tan larga como la que tenía en 2011, cuando consiguió la mayoría absoluta a base de engaños, manipulaciones y mensajes populistas.

 

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