Socialismo confesional

29. septiembre 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Resulta difícil encontrar una decisión institucional tan desafortunada, sorprendente y retrógrada como la que ayer tomó el grupo municipal socialista en el Ayuntamiento de Zaragoza. Los seis ediles del PSOE sumaron sus votos a los diez del PP para tumbar la reforma del Reglamento de Protocolo propuesta por el gobierno de Zaragoza En Común, con el apoyo del propio PSOE y de Ciudadanos, en virtud de la cual iba a dejar de ser obligatoria la participación de los concejales en actos religiosos de la confesión católica.

Este diametral cambio de posición protagonizado por los socialistas zaragozanos, que ha tenido lugar en menos de quince días, se debe, sin duda, a la necesidad táctica de diferenciarse de Zaragoza En Común, justo después de que las elecciones catalanas hayan demostrado que Ciudadanos está devorando el granero de votos que el PSOE tenía en el centro político.

Lo verdaderamente lamentable de este episodio es que en este viraje táctico del PSOE hacia la derecha, los seis ediles capitaneados por Carlos Pérez Anadón se han llevado por delante un principio constitucional que, después de casi 37 años de vigencia de la Carta Magna, comenzaba ahora a ponerse en marcha en la capital aragonesa: la aconfesionalidad del Estado (art. 16.3).

Alejados de los vientos laicos que soplan en Europa desde hace dos siglos, los socialistas zaragozanos han decidido perpetuar la mezcolanza Iglesia-Estado, que con tanto esmero preservó la dictadura franquista. Quizá los de Pérez Anadón no terminan de comprender que la libertad religiosa instituida en el artículo 16.1 de nuestra Constitución tiene dos vertientes: una, que las personas que deseen profesar un determinado credo puedan hacerlo sin cortapisas, y dos, que las personas que opten por vivir al margen del fenómeno religioso, no se vean obligadas a participar en el mismo.

Ni siquiera el argumento de la representación institucional es capaz de ocultar la aberración cometida ayer por el PSOE zaragozano, si tenemos en cuenta que la fe religiosa es un acto personalísimo sobre el que no cabe representación o delegación alguna. Así pues, no tiene ningún sentido que unos ediles disfrazados con bandas municipales “representen” a los ciudadanos y ciudadanas de Zaragoza en un acto religioso, ya que son cada uno de ellos y ellas los que se representan a sí mismos, en caso de que deseen participar en el evento.

La pinza PP–PSOE ha conseguido nublar uno de los rayos de racionalidad que se disponía a anidar en el Ayuntamiento de Zaragoza. Algo nos hace temer que no será ésta la última vez que la veamos funcionar. El discurso de Pedro Sánchez dice que el PSOE es el partido del “cambio seguro”, pero hechos como los acontecidos ayer en Zaragoza lo sitúan más bien como agente de la “continuidad decimonónica”.

 

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