Soluciones radicales contra el yihadismo

28. marzo 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El pasado jueves, el papa Francisco acusó a los “traficantes de armas” de estar detrás de los atentados que habían asolado Bruselas dos días antes. Lo hizo, por cierto, antes de lavar los pies a doce refugiados de diversas nacionalidades. Las declaraciones de Francisco no andan demasiado lejos de las de Pedro Santisteve y de otros alcaldes del cambio, que la semana pasada vinculaban el auge del yihadismo con las erróneas políticas belicistas que Occidente aplicó durante la década anterior en lugares como Afganistán o Irak.

En consecuencia, la mejor manera de luchar contra el yihadismo sería no fomentarlo ni pertrecharlo.

Una vez materializada esta visión deformada, extremista y sectaria del Islám, que asesina fundamentalmente a aquellos musulmanes que discrepan de ella, es la hora de aplicar soluciones radicales contra el yihadismo. Determinados opinadores, tertulianos y hasta algún que otro reportero de guerra metido a erudito literario, sostienen que la guerra global es la mejor respuesta que puede darse a un enemigo difuso. Sin embargo, esta solución (aunque muy lucrativa para unos cuantos) sería más bien superficial, ya que no atacaría las raíces del fenómeno sino sus consecuencias.

Por el contrario, el bienestar, la cultura y la libertad son las tres armas que más daño pueden hacer al terrorismo yihadista. Cuando la pobreza no muerde, cuando la situación no desespera, cuando la inteligencia vence al dogma, resulta imposible convencer a alguien para que se suicide, asesinando de paso a decenas de inocentes. La democracia es superior a la teocracia, el pensamiento es superior al dogma, el bienestar es superior a la exclusión social, y el respeto a los Derechos Humanos es superior a la tiranía.

Si las democracias occidentales son capaces de ser ejemplares, de confiar en sus propios pilares y de hacerlos prevalecer intactos y sin atajos frente a los sectarismos armados que los cuestionan, habrá conseguido socavar a largo plazo la base social que alimenta el fenómeno yihadista.

Mientras tanto, en el corto y medio plazo, sólo cabe aplicar soluciones militares a los problemas militares, y soluciones policiales a los problemas policiales. En este sentido, resulta reconfortante que el ejército sirio y sus aliados rusos estén consiguiendo liberar muchos de los territorios ocupados desde hace meses por el Estado Islámico. En el lado opuesto, son absolutamente decepcionantes los errores de inteligencia admitidos por el gobierno belga en el campo de la prevención antiterrorista. Errores que no son de extrañar, viendo la colaboración policial que las instituciones belgas prestaron ayer a las organizaciones fascistas que se desplazaron hasta la plaza de la Bolsa de Bruselas para lanzar mensajes xenófobos y racistas contra la mayor parte de las víctimas del yihadismo, es decir, contra los musulmanes.

 

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