Someterse o no a la Troika

22. febrero 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La izquierda española se reunirá esta tarde para agotar la última posibilidad de investir al socialista Pedro Sánchez como nuevo presidente del Gobierno. En el encuentro que celebrarán PSOE, Podemos, IU-UP y Compromís debería plantearse una cuestión previa: el Gobierno que se pretende constituir ¿se someterá o no a los dictados de la Troika?

Los neoliberales responderían a esta pregunta con una mueca de incredulidad y con una respuesta tan aplastante como su dogmatismo: “no existe otra posibilidad”. Los políticos, empresarios, plutólogos (antes llamados “economistas”), periodistas y tertulianos de la derecha ultraliberal siguen abanderando la idea de que Mercado es el único dios, y que sólo existe la posibilidad de seguir el camino señalado por sus múltiples profetas.

Sin embargo, el neoliberalismo es inviable, como demuestran a diario cada muerto en las aguas del Egeo, cada persona desahuciada de su vivienda, cada trabajadora explotada en los complejos textiles del sudeste asiático, cada trabajador precario en el llamado “primer mundo”, cada maniobra especulativa en Bolsa, cada paraíso fiscal, y cada gobierno-títere del dios Mercado.

Desde una óptica progresista, la inclinación del PSOE a cumplir las órdenes de la Troika (tanto en el ámbito español como en el comunitario) no deja demasiado espacio para la esperanza. Un partido favorable al TTIP o al TiSA no está en condiciones de revertir la insostenibilidad social y el desequilibrio medioambiental que el neoliberalismo está instalando en el planeta.

Por ello, la cuestión previa a la reunión de esta tarde no tiene que ver con vicepresidencias ni con referéndums, sino con la obediencia o desobediencia al dogma económico vigente en este momento.

En este sentido, quien peor lo tiene esta tarde es –precisamente– el partido de Pedro Sánchez, ya que debe elegir entre la comodidad institucional o la supervivencia política. Y es que un pacto con Ciudadanos agradaría al dios Mercado (y puede que incluso a algunos de sus monaguillos en Génova), pero sería rechazado por buena parte del electorado menguante del PSOE. Sin embargo, un acuerdo con los demás partidos de izquierda, acompañado por la sincera voluntad de cumplirlo, se apartaría del dogma económico pero reconciliaría a los socialistas con muchos de sus votantes perdidos.

 

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