Sovaldi. Con la garantía de Mariano

12. enero 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

En cualquier país civilizado, las personas afectadas por hepatitis C deberían haberse tranquilizado después de las palabras que pronunció el presidente del Gobierno de España el pasado sábado. Según afirmó textualmente Mariano Rajoy ante los medios de comunicación, “yo les garantizo que no hay ni un solo ciudadano español al que un médico le prescriba un medicamento que no… que se quedará sin ese medicamento”.

Si ignoramos la ruptura del continuo espacio-tiempo que el jefe del régimen realizó en esta frase, lo que quiso decir Rajoy es que todos los pacientes de hepatitis C podrán acceder al Sovaldi cuando sus médicos les prescriban el medicamento.

El doble problema para estos enfermos es que España dista a veces de ser un país civilizado, y que la palabra de Rajoy vale menos que el peso del aire que la sostiene. De hecho, en estas mismas declaraciones ofrecidas en Toledo, y al ser preguntado sobre si en la reunión de la cupúla del PP habían hablado sobre posibles pactos postelectorales con el PSOE, el presidente del Gobierno dijo: “no, no… de pactos en ningún caso: nosotros pactamos con los ciudadanos, que es lo más democrático que puede haber”.

Si esta frase hubiera formado parte del guión de una película de Tim Burton, seguramente un rayo habría pulverizado a Rajoy nada más pronunciar la última palabra. Después de que el PP haya incumplido sistemáticamente el programa electoral que presentó a la ciudadanía en la campaña de las generales de 2011, y tras una legislatura en la que Rajoy y los suyos han impulsado medidas previamente ocultadas a los votantes, es realmente indignante que el presidente se atreva a decir que su partido pacta con los ciudadanos, porque eso “es lo más democrático que puede haber”.

Por ello, en un país que padece un gobierno ilegítimo y atravesado por sus propias mentiras preelectorales, el Sovaldi sólo llegará a quienes tiene que llegar si los enfermos mantienen la lucha social por sus propias vidas, y si el resto de la ciudadanía les apoya masivamente en sus reivindicaciones. Todo lo demás, como diría el ministro García Margallo, es simple “literatura”.

 

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