Sudáfrica despierta de su bello sueño

20. agosto 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Griterío, tensión, ruido ensordecedor de disparos,… y luego silencio, un silencio absoluto, ignominioso, mortal. Tras la nube de polvo, los cadáveres de 34 mineros asesinados a tiros por la policía sudafricana, en una masacre que recuerda demasiado a la de Sharpeville. Aquel 21 de marzo de 1960, 69 manifestantes anti–apartheid eran asesinados por la policía sudafricana cuando se rebelaban frente a la injusticia. Este 17 de agosto de 2012, se derramaba la sangre inocente de 34 mineros que, más allá del cordón policial, sólo buscaban un salario digno.

El sonido de la muerte infame ha despertado a Sudáfrica del bello sueño que comenzó el mismo día que Nelson Mandela salió de la prisión de Robben Island para convertirse luego en el primer presidente negro del país.

Ese sueño de armonía y de unidad nacional interracial orientadas hacia el progreso colectivo de toda la población sudafricana, apenas podía reconocerse el pasado viernes en el espejo que habían colocado unos miles de trabajadores semiesclavizados frente a la mina de platino que la empresa británica Lonmin explota en la ciudad sudafricana de Marikana.

Tampoco puede reconocerse en los altos niveles de criminalidad que sufre el país, ni en las medidas de discriminación positiva a favor de la población negra (medidas que han llevado al exilio voluntario a un millón de blancos sudafricanos), ni en el vertiginoso ascenso de una nueva clase empresarial negra, muy vinculada al Congreso Nacional Africano (CNA) en el plano político, y a los grandes inversores extranjeros, en el económico.

La antigua fractura social entre blancos y negros se reproduce ahora entre ricos y pobres, en la misma medida en que el CNA ha dejado de ser un movimiento revolucionario que luchaba por la igualdad entre los seres humanos, para convertirse en un partido de gobierno que actúa al dictado de las multinacionales.

El presidente sudafricano, Jacob Zuma, ha declarado que la semana de luto decretada en todo el país debe servir para “reflexionar sobre el carácter sagrado de la vida humana y sobre el derecho a la vida que recoge la Constitución de la República”. Zuma haría bien en reflexionar también sobre ese engendro conceptual llamado “neoliberalismo” (mitad ideología económica, mitad religión), que entre otras cosas afirma que lo único sagrado son los beneficios empresariales, por encima de cualquier otra consideración.

La masacre de la mina Lonmin revela la situación laboral cotidiana de los llamados países emergentes, es decir, de aquellos que como Sudáfrica, Brasil o China explotan sin piedad a sus trabajadores para garantizar enormes beneficios a los inversores extranjeros, y que incluso son capaces de dedicar los beneficios excedentes a la organización de grandes eventos deportivos internacionales.

Por eso, y también por la masacre del pasado viernes, los responsables políticos y policiales de esta matanza deben ser juzgados, condenados y encarcelados durante el mayor tiempo posible. En ningún caso la policía sudafricana puede esgrimir “legítima defensa” para justificar las 34 muertes causadas, ya que eran precisamente los mineros en huelga los que ejercían su derecho a la “legítima defensa” frente a una realidad laboral injusta y frente a un Estado que ampara esta situación.

 

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One Comment to “Sudáfrica despierta de su bello sueño”

  1. Paco Sanz dice:

    iroun