Susanita tiene un dramón

16. abril 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Seguramente fue un arranque de autocomplacencia el que llevó a Susana Díaz a afirmar ante los micrófonos de la Cadena SER que iba a gobernar en solitario porque tiene “ahora la estabilidad que no tenía antes”. Fue al día siguiente de las elecciones, y hoy, tres semanas después, ni siquiera está garantizada la mayoría parlamentaria que se requiere para su investidura.

Nadie en su sano juicio puede decir que la situación de la legislatura anterior, con un pacto de gobierno con IU y unos presupuestos recién aprobados, le ofrece menos estabilidad que un parlamento compuesto por cinco partidos, en el que PSOE e IU ya no suman mayoría absoluta, en el que Podemos y Ciudadanos condicionan su apoyo a la investidura a unas demandas tan razonables como inasumibles para el PSOE, y en el que -por lo tanto- todo queda en manos del PP.

Lo más probable es que sea la abstención de este último partido (quién sabe a cambio de qué) la que eleve a Díaz a la Presidencia de Andalucía.

Un primer paso hacia la gobernabilidad que vendrá seguido por numerosas dificultades cada vez que el Gobierno andaluz pretenda aprobar una ley o unos presupuestos, sobre todo si recordamos que en aquella misma entrevista, Díaz decía sentirse molesta porque en la anterior legislatura estaba “sujeta permanentemente” a las decisiones de su socio de gobierno.

Es la cultura del pacto, que Susana parece no querer entender, máxime teniendo en cuenta que en las postrimerías de la legislatura anterior el PSOE de Andalucía se negó a desarrollar los aspectos más progresistas del acuerdo suscrito con IU. Ese es precisamente su dramón: una mayor inestabilidad parlamentaria que tiene como origen su negativa a desarrollar antes una política de izquierdas.

 

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