Telecabina y neocaciquismo

18. febrero 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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El Ayuntamiento de Zaragoza firmó ayer la sentencia de muerte de la Telecabina–Aramon que fue instalada en la orla oeste de Zaragoza con motivo de la Expo Zaragoza 2008. El Consistorio ha autorizado a la empresa Aramón (participada al 50% por el Gobierno de Aragón y por Ibercaja) a cerrar y retirar la instalación cuando estime oportuno.

Previamente, el Gobierno municipal se había negado a abonar el coste que supuso en su momento el montaje de la instalación, tras haberla incluido hábilmente Aramón en el total del déficit que la Telecabina arrastra desde la clausura de la Expo.

De este modo, se retratan perfectamente la empresa Aramón y sus dos dueños, al dejar claro que el beneficio privado se sitúa por encima del mantenimiento de un servicio público de carácter lúdico que, con la próxima apertura de las instalaciones empresariales y culturales en el recinto Expo, el Parque del Agua y la Milla Digital, podría ser rentable incluso desde una óptica puramente mercantilista.

Parece que el neoliberalismo global (con su obsesión por eliminar lo “deficitario” y por recortar el gasto público para poder bajar los impuestos a los más ricos) se transforma aquí en neocaciquismo, tan miope, iletrado y autoritario como su antecedente, el caciquismo tradicional que tan bien retrató Joaquín Costa en sus escritos.

No han faltado partidos y partidillos que, con tal de desacreditar al alcalde de Zaragoza por un déficit que no es responsabilidad suya, han dedicado grandes esfuerzos durante los últimos días a apedrear dialécticamente a la Telecabina, sin acertar a ver sus potencialidades de futuro.

Estos vándalos de la palabra no explican, sin embargo, qué harían con el resto de empresas y servicios públicos que son mucho más “deficitarios” que la Telecabina de Aramón. Hablamos por ejemplo, de la educación primaria y secundaria en España, de la sanidad pública, del AVE, del transporte urbano, de la universidad pública, o de Radio Televisión Española.

El Estado, y sobre todo el Estado Social fijado en nuestra Constitución, se basa en la puesta en marcha de servicios públicos esencialmente deficitarios de los que se beneficia toda la sociedad, y que son sufragados por la Administración a través de impuestos progresivos en los que las rentas más altas pagan mayores porcentajes. Se llama “redistribución de la riqueza” y una empresa público–social como Aramón debería saberlo.

Por todo ello, la Telecabina de la Expo debe permanecer en Zaragoza, simplemente porque es un atractivo turístico más para la ciudad, porque hace bonito, y porque, de ser desmontada, la ciudadanía podría pensar que siempre fue mentira todo el discurso de la nueva Zaragoza del siglo XXI, aspirante además a la capitalidad cultural europea 2016.

 

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3 Comments to “Telecabina y neocaciquismo”

  1. Luisa dice:

    Para alucinar, con la última propuesta de quitar el telecabina, algo que une varios barrios de la ciudad, con el Parque del Agua, algo que pertenece a EXPO 2008, al igual que Pabellón Puente o Torre del Agua, en esta ciudad hay partidos políticos que se han vuelto locos, pero no se volvieron al imponer a la ciudadania algo tan inuti como es el tranvia, que ya por cabezoneria y por …. se ha terminado imponiendo y que será un lastre para la ciudad durante muchos años, algo que se quitó hace 30 años porque no servía, 30 años después con el triple de circulación sí sirve, quizas y solo quizás sirva para llenarse los bolsillos unos cuantos por que para otra cosa lo dudo. ¿Se ha pensado en el costo de desmontar el telecabina, paracuantos años tendriamos para mantenerlo?. Puede ser que pase como con el tranvia 30 años más tarde tengamos que volver a ponerlo. Nuestros políticos deberían pensar un poco más, pero claro ellos no pagan.

  2. Julieta dice:

    Me gustaría saber cómo puede considerarse la telecabina un medio de transporte que une barrios. Sólo desde una perspectiva interesada (eso también lo dice el Consejero de Grandes Proyectos), se puede incluir esa atracción y la de la onerosa navegación fluvial con barcos de gran calado entre los medios de transporte. ¡Esto sí que es una tomadura de pelo!
    En cuanto al tranvía, igualmente opiniones interesadas tratan de denostarlo. Si se retiró hace varias décadas fue por la ominosa omnipresencia del automóvil, que ha colapsado las ciudades, colonizando el espacio público y degradando la atmósfera. Son precisamente las ciudades más avanzadas las que tratan de luchar contra la tiranía del automóvil, facilitando un transporte de alta capacidad, con menor impacto ambiental.

  3. kalimero dice:

    Mira Julieta, no he visto a ninguna gran ciudad tirarse piedras contra su propio tejado. Decía Joaquín Costa (al que citan en el editorial) que «el peor enemigo de los aragoneses son los aragoneses». Ningún barcelonés cuestionaría el telecabina de Barcelona, y ningún lisboeta el de Lisboa. Pero aquí somos así de originales.
    Y respecto al obsoleto tranvía que tanto defiendes, hay un medio de transporte público mucho menos contaminante, mucho más barato y mucho más flexible que tu adorado tranvía: sustituir toda la flota de TUZSA por autobuses no contaminantes. Vale una tercera parte de lo que pagamos por el tranvía, pero eso no lo dice ningún «progre» de diseño