Tetas, hipócritas y chulitos de playa

10. octubre 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Los mismos hipócritas que ayer se escandalizaron al ver las tetas reivindicativas de tres valientes mujeres de Femen en la tribuna de invitados del Congreso, callan ante la desastrosa política sanitaria del gobierno autonómico de Madrid, cuya última hazaña consiste en dejar a 30.000 mujeres sin sus mamografías preventivas.

Los mismos hipócritas “defensores de la vida” que ayer se escandalizaron cuando estas tres mujeres gritaban “aborto es sagrado” para reafirmar el sagrado derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo y su maternidad, son partidarios de arriesgar la vida de esas 30.000 mujeres madrileñas a causa de un recorte presupuestario precedido por un proceso de privatización de este servicio, que mantiene parados y en desuso a los mamógrafos existentes en los hospitales públicos de la Comunidad de Madrid.

Lo lógico sería no tener que interrumpir una sesión parlamentaria en la cámara que se supone que representa la soberanía nacional (aunque todo el mundo sepa ya que esta soberanía reside hoy en la Troika para asuntos económicos y en la Conferencia Episcopal para los temas morales), pero lógico sería también que ningún ministro mojigato pretenda en 2013 retrotraer los derechos de las mujeres a la situación en la que se encontraban durante aquella dictadura franquista que tanto parecen añorar muchos de los prebostes del Partido Popular.

El otro momento estrella de la jornada parlamentaria de ayer tuvo como protagonista al ministro de Hacienda y Administraciones Públicas en su respuesta al coordinador general de Izquierda Unida, Cayo Lara. Para mofa generalizada y utilizando un tono más propio de cualquier chulito de playa que de un ministro biempensante español, Cristóbal Montoro afirmó que “los salarios no están bajando en España”, que “los salarios están creciendo moderadamente en nuestro país”, y que “el exceso de crecimiento de los salarios al comienzo de esta crisis causó la mayor destrucción de empleo que ha vivido nuestro país”.

Es la triste realidad de una España socialmente muerta; un país escasamente democrático, y por lo tanto, incapaz de forzar la dimisión fulminante de un ministro fundamentalista que trata de imponer sus creencias al resto de sus compatriotas (ignorando, por cierto, los estándares legislativos europeos en materia de interrupción voluntaria del embarazo), y de otro ministro embustero que alardea de un escandaloso desconocimiento de la realidad estadística, de la realidad de la calle, y de las verdaderas causas que condujeron a la crisis en España.

 

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