Todos (los gobernantes) son (más o menos) iguales

23. mayo 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

A la hora de analizar la labor de los políticos, el inconformismo de taberna reinante en nuestro país desde la noche de los tiempos suele zanjar el tema con sólo tres palabras: “Todos son iguales”. A continuación, los millones de ciudadanos que coinciden con este diagnóstico, se encogen de hombros respecto al tratamiento a seguir, y pasan a ocuparse de otras cuestiones más importantes como el partido del siglo o las últimas novedades telebasurísticas.

El simplismo analítico con el que millones de personas abordan el importante asunto de la democracia (“gobierno del pueblo”) y del bien común, ignora por ejemplo que, de las más de treinta candidaturas que suelen concurrir a los procesos electorales en nuestro país, sólo dos han ejercido el gobierno de la nación desde que concluyó la Transición en 1982. La cara y la cruz de una misma moneda acuñada con grabados diferentes en cada uno de sus lados, pero que en sí misma es el símbolo de la unidad de criterio en materia de política económica, sobre todo después de la reforma constitucional perpetrada por PSOE y PP de espaldas al pueblo en agosto de 2011.

Sin embargo, el bipartidismo no es un mandato divino inquebrantable, sino una mera maniobra ideológica que tiene como misión embridar a la democracia con el fin de garantizar a los grandes poderes económicos que nada va a cambiar, por muchos procesos electorales que puedan celebrarse. Pero cambiar es posible. De hecho, el cambio comenzará en España cuando las gentes de este país se den cuenta de que ningún gobernante merece ser elegido después de haber mentido en una campaña electoral, después de haber decepcionado a sus votantes, o después de haber impulsado medidas antisociales que fomentan la riqueza de unos pocos y la pobreza de la mayoría.

Todas aquellas personas que se sientan decepcionadas por la trayectoria que han seguido socialistas y populares al frente de las instituciones, deberían tener en cuenta que hay vida más allá del bipartidismo. En el Reino Unido, por ejemplo, los euroescépticos del UKIP podrían ganar las Europeas del próximo domingo, superando nada más y nada menos que al tradicional bipartidismo británico de laboristas y conservadores. En Grecia, la coalición de izquierdas Syriza se perfila como primera fuerza política, por delante de los neoliberales de Nueva Democracia y de los “socialistas” del PASOK.

Con el creciente peso que está adquiriendo el Parlamento Europeo, la ciudadanía de la UE está llamada el domingo a elegir entre los partidos políticos que desmantelan, asfixian y privatizan el Estado del Bienestar por no considerarlo competitivo respecto a las economías asiáticas de la semiesclavitud, o aquellos otros que defienden su vigencia desde las calles y desde las instituciones.

Es la hora de apoyar a quienes han creado y tolerado la burbuja inmobiliario–financiera como modelo de desarrollo económico, o a quienes han defendido a sus víctimas impidiendo desahucios vergonzosos y proponiendo reformas legislativas favorables a la ciudadanía.

Ha llegado el momento de optar entre los que piensan que los desmanes del capitalismo salvaje se solucionan con un par de reformas laborales que lo hagan todavía más salvaje, y los que proponen un modelo económico alternativo basado en la justicia social, la inversión en un futuro sostenible y la preeminencia de los intereses sociales de la mayoría respecto a los caprichos financieros de los especuladores.

Entre estas opciones, básicamente, debe elegir la ciudadanía europea en las elecciones del próximo domingo. Claro que si el reto mental supone demasiada complicación para el electorado, siempre cabe la opción de quedarse en casa contemplando el partido del siglo o las últimas novedades telebasurísticas.

 

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