Todos somos el bombero De la Fuente

17. enero 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Entre los méritos que adornan en los últimos tiempos a los grupos antidisturbios de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado figuran por ejemplo las de posicionarse a favor de las entidades financieras y en contra de los desahuciados inmobiliarios; a favor de quienes recortan las becas escolares y en contra de los estudiantes; a favor de los que roban una parte del salario de los policías y del resto de funcionarios, y en contra de sus propios intereses económicos.

A este cuadro de méritos hay que añadir desde el pasado miércoles el posicionamiento a favor del “orden público” y en contra de un bombero que trataba de extinguir por completo el incendio que se estaba produciendo en un contenedor de basura ubicado en una calle del centro de Madrid. El bombero De la Fuente era detenido y encarcelado en los calabozos policiales de Moratalaz mientras trataba de cumplir su deber de proteger (él sí) a la ciudadanía.

Los puristas del género policiaco coincidirán a la hora de señalar que no es cuestión de posicionamiento, sino de cumplimiento de las órdenes recibidas por parte de la autoridad competente. Sin embargo, la obediencia debida no ampara el cumplimiento de órdenes manifiestamente ilegales. Tanto es así que si un hipotético Delegado del Gobierno estuviera de pie al lado de un antidisturbios y le ordenara “¡Empuñe usted su pistola y dispare a la cabeza de ese manifestante!”, el policía no sólo se negaría a cumplir la orden, sino que además es posible que detuviera al responsable institucional por proponer la comisión de un acto contrario a la ley.

Contraria a la ley es también la obstaculización de las labores de extinción de un incendio, como contrarios a la ley fundamental del Estado son la rebaja unilateral de los niveles salariales pactados en convenio colectivo, el recorte de las becas escolares cuando éste incide negativamente sobre el principio de igualdad de oportunidades, o el desahucio inmobiliario por causas de empobrecimiento sobrevenido. Sin embargo, en estos casos los grupos antidisturbios actúan de forma implacable sin la menor reflexión acerca de los intereses que están realmente defendiendo con sus actuaciones. Ahí está el posicionamiento.

Volviendo al caso del bombero De la Fuente, sólo cabe denunciar que este admirable servidor público debió dormir en un calabozo y pasar casi 24 horas detenido por atreverse a cumplir con su deber profesional, a pesar de que tratara de impedírselo uno de esos funcionarios a los que el pueblo soberano ha otorgado (quizá inopinadamente) el monopolio del uso legal de la violencia. Hoy todos somos el bombero De la Fuente porque en demasiadas ocasiones se ha demostrado que cualquier ciudadano o ciudadana de este país puede sufrir las consecuencias de la arbitrariedad policial armada. La marca España.

 

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