TorreVillage,… y tres huevos duros

21. junio 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Karl Marx resumió buena parte de su filosofía política en la frase que cierra su Manifiesto Comunista: “Proletarios de todos los países, uníos”. Con ello, el sabio alemán trataba de explicar que los trabajadores suelen sufrir problemas similares, a los que conviene oponer soluciones parecidas, independientemente del país en el que se encuentren.

Sin embargo, 168 años después de aquella reflexión, la que se ha unido férreamente en todo el planeta a partir de la llamada “globalización” es la clase empresarial; concretamente, la alta clase empresarial, ya que la persona propietaria de un pequeño negocio local tiene más en común con sus trabajadores que con los grandes accionistas de la multinacional financiera que le presta el dinero.

Esta globalización elitista se encuentra en el origen de los paraísos fiscales, de las deslocalizaciones industriales, de la precarización de las condiciones de vida en los países desarrollados, de la creciente desigualdad social, y de algunos otros males que sería demasiado prolijo enumerar aquí.

Ayer pudimos observar en Zaragoza cómo el capital acude a salvar al soldado Ryan, siempre que el soldado Ryan sea uno de los suyos. No una ni dos, sino tres multinacionales de las comunicaciones y la tecnología acudieron al rescate de un fabricante zaragozano de colchones, que pretende dar un pelotazo inmobiliario con los terrenos de su antigua fábrica, situada en el extrarradio de la capital aragonesa.

Cogido de la mano de Telefónica, Intel y Microsoft, y con el socialista Javier Lambán como convidado de piedra, el dueño de Pikolín anunciaba ayer que su proyecto de macro-outlet TorreVillage (para el cual se necesita una recalificación de suelo industrial a suelo comercial por parte del Ayuntamiento) se enriquecía con la incorporación de un macro-centro de innovación tecnológica llamado ZIR, en el que las citadas multinacionales tendrían un papel protagonista.

Parafraseando a otro Marx, Groucho, podríamos decir que la apuesta es ahora “Torrevillage,… y tres huevos duros”, en este caso, tecnológicos.

Si el ZIR es necesario, nadie ha explicado por qué no se ha instituido antes, ni tampoco por qué se proyecta ahora en medio de un macro centro comercial dedicado a los saldos de ropa y complementos, en lugar de ubicarse en alguno de los múltiples espacios empresariales vacíos que ofrece la ciudad.

Da la impresión de que la única finalidad de la foto de Pikolín, Microsoft, Intel, Telefónica y Javier Lambán, es presionar al gobierno municipal de Zaragoza En Común para la recalificación de los terrenos. Lo de menos es que este proyecto sea sostenible desde el punto de vista comercial o medioambiental. Lo único importante es que unos terrenos industriales se conviertan en comerciales, aunque Zaragoza sea ya la capital española con más metros cuadrados de grandes superficies comerciales por habitante, o a pesar de que el fallido centro Plaza Imperial proyecte convertirse también en otro nuevo macro-outlet.

Es la racionalidad económica de algunos grandes empresarios y no pocos políticos mediocres, cuya filosofía consiste en elevar a la categoría de dogma universal lo que en realidad son solo caprichos de los más adinerados.

 

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