Trabajar y reprobar

26. octubre 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

“Trabajar por Aragón, avanzando, construyendo, no reprobando” fueron las palabras que ayer utilizó el diputado autonómico del PP Javier Campoy para definir la estrategia de su partido, cuando se planteó en las Cortes de Aragón una propuesta para reprobar al secretario de Estado de Infraestructuras, Rafael Catalá, por haber dicho que los desdoblamientos de la N–II y de la N–232 no se van a realizar porque supondrían una competencia desleal para las autopistas de peaje que circulan paralelas a estos trazados.

Sin embargo, “trabajar por Aragón, avanzar y construir” no son términos incompatibles con “reprobar” institucionalmente a aquellos cargos públicos que, de forma manifiesta (e incluso a veces torpe) obstaculizan este noble propósito. De hecho, la afinidad política no debería ser un inconveniente para denunciar a quienes se oponen desde sus despachos al desarrollo de Aragón y a la seguridad de sus habitantes.

En este sentido, el grupo parlamentario popular en las Cortes de Aragón perdió ayer una oportunidad de oro para posicionarse ante la ciudadanía aragonesa como defensores de los intereses de esta tierra y no como adalides de un secretario de Estado que desconoce por completo la realidad de esta comunidad autónoma.

Y es que Rafael Catalá podría haber argumentado mil razones para descartar esta reivindicación ciudadana, ya casi ancestral, pero considerar que son más importantes los beneficios de dos empresas concesionarias que la seguridad vial de los millones de automovilistas que utilizan cada año estas peligrosas vías de comunicación, resulta un despropósito colosal.

El Partido Popular de Aragón se equivocó ayer al no sumar sus votos a la reprobación de Catalá que se había planteado en las Cortes de Aragón, sabiendo que de todos modos ésta iba a ser aprobada por el resto de los grupos de la Cámara (incluidos los del Partido Aragonés, socio de gobierno de los populares).

Por un momento, los 30 diputados populares olvidaron dos cuestiones fundamentales. La primera es que ellos y ellas fueron elegidos por la ciudadanía aragonesa y no por los dirigentes de Génova. La segunda es que cada vez hay más españoles que piensan que, si PP y PSOE anteponen su voto de obediencia a Madrid sobre los intereses de las comunidades autónomas que gestionan, quizá sea buena idea buscar consuelo electoral en otras formaciones políticas más nacionalistas. Recordemos que el paso de Víctor Morlán por el puesto que ahora ocupa Rafael Catalá tampoco trajo consigo los desdoblamientos de estas dos carreteras nacionales.

En cualquier caso, los representantes del pueblo aragonés reprobaron ayer a Catalá, pero más allá de lo anecdótico, lo que urge es una solución para que no se pierdan más vidas en estas carreteras de la muerte; una solución que debería pasar más por la expropiación forzosa de las concesiones de la AP–2 y de la AP–68, que por construir nuevos trazados paralelos a las mismas.

 

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