Trump, Aguirre y el liberal-racismo

1. febrero 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El pasado viernes advertíamos en este mismo espacio el peligro que suponía para el mundo la entrada de Donald Trump en su segunda semana de mandato. Nuestros temores tardaron apenas unas horas en materializarse, ya que ese mismo día Trump firmaba un decreto en el que se prohibía la entrada a Estados Unidos de toda persona procedente de Irak, Libia, Irán, Somalia, Sudán, Siria y Yemen.

Cabe recordar que tres de estos siete países (Irak, Libia y Siria) han sido directa o indirectamente desestabilizados por Estados Unidos y sus aliados, creando el clima propicio para la proliferación del terrorismo yihadista.

Tal como cabía esperar, el primer presidente fascista de los Estados Unidos ha comenzado a gestionar el país de forma autocrática, pasando por encima de la Constitución de su país y del derecho internacional. Y tal como cabía esperar también, Trump sólo cuenta con el apoyo de los inversores más desalmados, de los norteamericanos más ignorantes, de los europeos más ultraderechistas, y de Esperanza Aguirre.

La portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid hacía gala este lunes de su ultraliberalismo infinito para defender a Trump en el Pleno de la institución. Según Aguirre, comparar a Trump con Hitler es “absoluta y totalmente rechazable”, ya que en su opinión no es aceptable que “pretendamos darle lecciones de democracia desde Europa, donde han nacido los peores totalitarismos”.

Sin embargo (y dejando aparte los totalitarismos que nacieron en Estados Unidos), hay sobrados motivos para afirmar que Hitler y Trump son figuras muy similares. Si el primero odiaba a los judíos, el segundo odia a los musulmanes. Si el primero pretendía situar la voluntad de su país por encima de las normas y convenciones del derecho internacional, el segundo también. Si el primero despreciaba los consejos políticos y militares que le pudieran dar los miembros de su equipo de máxima confianza, el segundo se cree investido de un poder absoluto, en virtud del cual él ordena y los demás obedecen. Si el primero consideraba a los habitantes de sus países vecinos como seres inferiores, el segundo ha comenzado su mandato humillando públicamente al presidente y al pueblo de México.

Y por último, si el primero era estúpido, el segundo también lo es, ya que según el decreto migratorio de Trump, tendrán muchas más facilidades para entrar en Estados Unidos los terroristas de nacionalidad tunecina, francesa o noruega, que las personas inocentes de Irán, Somalia o Yemen.

 

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