Trump, semana 1

27. enero 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

En su primera semana de mandato, Donald Trump ha sacado a EEUU del Acuerdo de Comercio Transpacífico, ha desbloqueado dos oleoductos que la administración Obama mantenía paralizados por razones medioambientales, ha declarado la guerra a la prensa y a la cultura, ha dado los primeros pasos para levantar el muro fronterizo con México, ha comenzado a derribar la reforma sanitaria de Obama, ha eliminado la versión en español de la web de la Casa Blanca, ha humillado públicamente al presidente de un país vecino, ha defendido la tortura como método interrogatorio, y sobre todo, se ha granjeado la admiración eterna de Esperanza Aguirre, que ya anda pidiendo que el Ayuntamiento de Madrid entregue a Trump la llave de oro de la ciudad.

A este ritmo gubernamental, es difícil adivinar cómo acabarán las cosas después de las aproximadamente 207 semanas de mandato que le quedan por disfrutar al primer presidente fascista de los Estados Unidos. Las consecuencias directas e indirectas de sus actos son tan imprevisibles como un mono con dos pistolas.

No obstante, uno de los efectos más perniciosos de su mandato sería que el populismo delirante que le ha conducido al despacho oval, acabara contagiando a los partidos conservadores de todo el planeta, animados por los buenos resultados electorales que garantiza “el sueño de la razón”.

Y es que, si la liberalización de la economía globalizada a principios de siglo trajo consigo la caída de todas las cautelas legislativas que aportaban cierta sostenibilidad al sistema, nada impide que ahora la política se libere de todos sus corsés éticos para adentrarse en esa jungla fascistoide que tan bien marida con el capitalismo salvaje.

De hecho, los únicos que celebran las primeras gestiones de Trump son los grandes inversores norteamericanos, que ayer mismo empujaban al índice Dow Jones de la Bolsa de Nueva York a un máximo histórico superior a los 20.000 puntos. Una prueba más de que el capitalismo tiende a ser siempre un sistema injusto, cruel e inhumano.

Si los partidos de derechas de todo el mundo deciden inspirarse en la gestión chulesca de Trump, no tardarán en saltar por los aires todos los equilibrios sociales, legales, económicos y medioambientales que hacen de este planeta un lugar mínimamente habitable. Pero eso ya sería a partir de la segunda semana de mandato de Trump, que desgraciadamente comienza hoy.

 

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