Trump y los titulares

12. diciembre 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Falta una semana para que el Colegio Electoral de los Estados Unidos elija como presidente a Donald Trump, que obtuvo 62,6 millones de votos, frente a los 65,1 que consiguió Hillary Clinton. Tras esta demostración de democracia representativa, poco más se puede añadir.

Quizá sólo un dato más: el nuevo inquilino de la Casa Blanca posee un desconocimiento casi total acerca del funcionamiento de la economía y de la política contemporáneas.

Ayer, en unas declaraciones a Fox News, el multimillonario neoyorquino daba el siguiente titular: No quiero que China me diga qué es lo que tengo que hacer”, y lo argumentaba con esta reflexión: “Yo comprendo completamente la política de ‘una sola China’, pero no sé por qué tenemos que estar ligados por esta política, a no ser que lleguemos a un acuerdo con China que tenga que ver con otras cosas, incluso el comercio”.

Trump se refería al malestar que ha provocado en Pekín la conversación telefónica que mantuvo el pasado día 2 con Tsai Ing-wan, presidenta de Taiwán, una isla separatista que China considera como territorio propio, y que en la actualidad cuenta con el reconocimiento de 22 países, la mayoría de ellos, pequeños Estados insulares del océano Pacífico y el mar Caribe.

El gobierno chino, a través de su portavoz de Exteriores, ya ha recalcado que el principio de “una sola China” es imprescindible en las relaciones de Pekín con otros Estados, y que en caso de que EEUU lo cuestione, “no habría posibilidad de un crecimiento sólido y continuado de las relaciones China-EEUU, ni de cooperación bilateral en áreas importantes”.

Y es en este punto en el que Donald Trump demuestra su ignorancia sobre el manejo del poder político en el seno de las economías neoliberales. Quienes deciden no son, desde luego, los presidentes ni los primeros ministros, sino los gestores de los grandes grupos de capital, que en un abrir y cerrar de ojos, pueden hundir o levantar países con la caprichosa decisión de invertir o desinvertir aquí o allá.

Así las cosas, Trump debería saber que sus amigos multimillonarios (y posiblemente, también él mismo a través de las sociedades de inversión en las que tenga repartida su fortuna) han dedicado las dos últimas décadas y miles de millones de dólares a la ingente tarea de trasladar industrias a China, en busca de salarios de miseria y de condiciones laborales decimonónicas.

Resulta, pues, muy poco probable que quienes realmente mandan en EEUU estén dispuestos a reducir los beneficios que les aporta la globalización capitalista, a cambio de colmar las aspiraciones de los 23 millones de chinos que viven en una isla situada en el mar de la China.

Es seguro que el nuevo presidente norteamericano va a proporcionar muchos titulares durante su mandato, aunque el subtítulo permanente de su Presidencia bien podría ser: “o las mil y una formas en las que un patán puede hacer el ridículo”.

 

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