TTIP: la conjura antidemocrática

27. abril 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La democracia es un sistema político en el que, como mínimo, los representantes elegidos por el pueblo soberano ejercen el poder en su nombre, con plena capacidad para llevar a cabo las propuestas formuladas durante la campaña electoral. Una de las características de este sistema es la transparencia informativa, en virtud de la cual, el pueblo soberano debe poder conocer todo aquello que se gestiona en su nombre.

Un principio fundamental que se viene abajo cuando ni siquiera los propios representantes del pueblo soberano tienen permitido acceder a documentos secretos como los borradores del Tratado Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés), que desde hace años vienen negociando no se sabe quién de la Unión Europea con no se sabe quién de los Estados Unidos.

La denuncia pública que ayer formulaba el diputado aragonés de Podemos Jorge Luis Bail acerca del secretismo institucional que rodea este documento, sólo puede llevar a la conclusión de que no se está tramando nada bueno para los intereses de los pueblos soberanos de la UE y de EEUU. Bien al contrario, si los contenidos del TTIP fueran a mejorar las condiciones de vida de los europeos y los estadounidenses de a pie, cientos de políticos reivindicarían su paternidad convocando a la prensa para fotografiarse junto a los borradores del acuerdo.

La realidad es bien distinta. El tratado que, si la sociedad no lo remedia, cambiará nuestras vidas y las de nuestros descendientes, está guardado en las cámaras acorazadas de Bruselas y de los gobiernos de la UE. Unos lugares a los que un diputado estatal sólo puede acceder sin dispositivos electrónicos de grabación, bajo vigilancia permanente de un funcionario, y después de firmar un estricto compromiso de confidencialidad que le impide compartir con el pueblo soberano todo aquello que ha podido leer.

Lo poco que se ha podido saber del TTIP y lo mucho que se sospecha de él, lleva a pensar que estamos ante un nuevo modelo de relaciones económicas, sociales, laborales e institucionales que supone una enmienda a la totalidad del Estado del Bienestar, e incluso, del Estado de Derecho. Un nuevo Congreso de Viena para la reformulación de la realidad a favor de los tiranos y en contra de los avances democráticos anteriores, con Merkel en el papel de Metternich, Obama en el del zar Alejandro I y Rajoy en el de Fernando VII.

La diferencia entre el Congreso de Viena y el TTIP es que aquel contubernio antidemocrático de hace dos siglos se desarolló con más transparencia que el actual tratado transatlántico.

 

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