Turquía: golpe al cuadrado

18. julio 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El vínculo geopolítico natural de la República de Turquía es la Unión Europea. Sin embargo, la Unión Europea, enferma de neoliberalismo, es hoy incapaz de irradiar los valores de libertad, igualdad, laicismo y democracia que hace más de dos siglos comenzaron a erigir la Europa post-absolutista.

Frente a aquella histórica separación entre Iglesia y Estado que empezó a construirse tras la Revolución Francesa, hoy asistimos a una involución definida por la vuelta de la religión a las estructuras del poder político. El motivo es simple: el desarrollo del neoliberalismo necesita fuertes instrumentos de control social, y el miedo y el dogma son instrumentos de control social mucho más eficaces que la razón y la libertad. Es mucho más fácil convencer a un soldado (con comillas o sin ellas) para que muera por su dios, a que lo haga por los Derechos Humanos o por la construcción del bienestar colectivo.

Así las cosas, no resulta extraño que el terrorismo yihadista golpee reiteradamente en Francia, donde la extrema derecha es ya la primera fuerza política; que el principal candidato a la Casa Blanca sea un xenófobo populista; o que un gobierno islamista como el turco esté llamando a las puertas de la Unión Europea.

El islamismo político, moderado o radical, busca reintroducir la religión en el ADN del Estado, lo que supone una vuelta a aquella época oscura en la que entidades imaginarias dictaban las políticas a través de sus profetas institucionales.

Es en este marco en el que hay que interpretar el fallido pronunciamiento militar que el pasado viernes tuvo lugar en Turquía, así como la oleada de represión que el gobierno turco ha desplegado después. Las listas de 6.000 detenidos y 2.700 jueces y fiscales destituidos en menos de dos días parecían estar preelaboradas, lo que alimenta el fantasma del autogolpe de Estado.

La legitimidad de un gobierno no sólo se basa en el hecho de haber sido elegido en las urnas, sino también en su compromiso con los Derechos Humanos. Por lo tanto, ni el gobierno de Ankara ni los militares golpistas cumplen ambos requisitos.

En cualquier caso, si la Unión Europea no cambia radicalmente su fracasado modelo económico, nos aproximaremos a una nueva era de intolerancia, violencia y demagogia, donde el pensamiento crítico será perseguido de manera más o menos evidente, y donde los Derechos Humanos no serán más que un recuerdo del pasado.

 

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