UE, ciudad abierta

16. noviembre 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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La Comisión Europea renunció ayer a su derecho a defenderse de los ataques perpetrados por los especuladores internacionales contra las economías de la UE. En un incomprensible gesto de indolencia e irresponsabilidad, los comisarios rechazaron las propuestas del responsable de servicios financieros de la Unión, Michel Barnier, en el sentido de impedir que las agencias de calificación emitan sus notas sobre los países de la UE con situaciones económicas delicadas, y en el de crear una agencia de calificación europea que actúe como contrapeso al oligopolio valorativo que en este momento ejercen las norteamericanas Fitch, Standard & Poor’s y Moody’s.

 

Con ello, los 27 han escrito –posiblemente– la lápida que coronará la tumba en la que serán pronto depositados los restos mortales de un sueño europeo que comenzó siendo ilusionante, pero que pereció en cuanto fue contaminado por el virus del capitalismo salvaje.

 

Tal vez este fallecimiento sea un acto de justicia, puesto que una organización que comete tantos errores políticos y económicos en tan poco tiempo, no merece el privilegio de vivir.

 

El primero de ellos fue equiparar artificialmente 17 economías dispares, algunas de las cuales debieron encontrar nocivos atajos para cumplir a tiempo los criterios de convergencia.

 

El segundo consistió en sacrificar las políticas monetarias nacionales para entregarlas a los torpes e ineficaces órganos económicos centrales de la Unión.

 

El tercero tuvo que ver con la falsa idea de que una moneda única se convertiría en el bálsamo idóneo para contrarrestar los dos errores anteriores.

 

El cuarto se refiere a la progresiva renuncia que los gobernantes socialistas y conservadores han realizado sobre el Estado del Bienestar europeo, por mandato de los especuladores internacionales, y sin tener en cuenta que esa era, precisamente, la garantía de prosperidad colectiva en el Viejo Continente.

 

Y el quinto y último se produjo ayer, con la decisión de no plantear batalla a las corruptas agencias de calificación norteamericanas que trabajan a favor del dólar, y que bombardean a diario la cada vez más maltrecha economía europea. Posiblemente, y para no causar más víctimas inocentes, Bruselas ha decidido declarar a la UE “ciudad abierta” a la espera de que llegue el grueso del ejército invasor.

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