Un Gobierno que no decepciona

4. noviembre 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Según el Diccionario de la RAE, decepcionar es sinónimo de desengañar, es decir de “quitar esperanzas o ilusiones”. En este sentido, el gobierno que Rajoy ha nombrado no puede decepcionar a nadie, puesto que su discurso de investidura dejó poco margen para “esperanzas o ilusiones”. Nada indica que esta legislatura vaya a ser diferente de aquella otra en la que el PP dispuso de mayoría absoluta.

Más bien al contrario. La fidelidad perruna de Ciudadanos hacia el PP, y el momento de extrema debilidad del PSOE, han propiciado que el partido de Rajoy se venga arriba, ignorando su situación de minoría en el Congreso.

Por eso, en lugar de construir puentes con las dos formaciones políticas que, a la postre, deberán aprobar los presupuestos y las leyes que proponga el Gobierno, el PP ha optado por hacer recaer el peso de la gobernabilidad sobre las espaldas del PSOE y de Ciudadanos.

En el caso del partido naranja, esta circunstancia resulta irrelevante puesto que los de Rivera jamás se han distinguido por hacer valer los pactos que firman. La propia anunciación del Gobierno a las 19:00 horas de ayer incumple el punto número 67 del pacto PP-Ciudadanos, que fija en las 18:00 horas la finalización de la jornada laboral general. Un mal precedente para la conciliación de la vida laboral y familiar de los y las periodistas.

Sin embargo, el caso del PSOE es diferente. La gestora de Javier Fernández ha metido al partido en una trampa que funciona de la siguiente manera: cuanto más tiempo transcurra hasta las próximas elecciones, más tiempo tendrá el PSOE para lavar su imagen ante los millones de militantes y votantes que se han sentido traicionados por la abstención ante Rajoy; pero para lograr que ese tiempo se acumule, será necesario que el PSOE apoye públicamente al PP en eso que se ha dado en llamar “gobernabilidad”.

Sabedor de todas estas circunstancias, Rajoy ha decidido sustituir al polémico Fernández-Díaz por otro político de parecido perfil; otorgar el sensible Ministerio de Defensa a la reina de las privatizaciones de Castilla-La Mancha; y mantener al ultraliberal De Guindos al frente de Economía.

Así las cosas, todo parece indicar que Rajoy actuará en esta legislatura como si todavía dispusiera de mayoría absoluta, culpando al PSOE y a Ciudadanos de cualquier negativa parlamentaria que pudiera lesionar la gobernabilidad del país, y sabiendo de antemano que unas hipotéticas elecciones anticipadas sólo servirían para incrementar la representación de los populares en el Congreso.

Una situación que la izquierda debe agradecer a las lumbreras que planifican la estrategia del autodenominado Partido Socialista Obrero Español.

 

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