Un mal Rato

17. abril 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La detención de Rodrigo Rato por fraude, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes certifica que cada escándalo de corrupción que se destapa en este país es siempre el penúltimo. Tras saberse que el exvicepresidente del Gobierno de Aznar y exdirector gerente del FMI se acogió hace tres años a la amnistía fiscal decretada por Montoro para legalizar capitales no declarados a Hacienda, la figura del que fuera primera figura económica del PP se deterioraba más rápidamente que las cartillas de ahorro de los preferentistas de Cajamadrid. De pronto, el antiguo fabricante de burbujas inmobiliario-financieras se quedaba sin amigos.

Nadie quiere acordarse ahora de que a finales de 2003 José María Aznar dudó entre Rajoy y Rato a la hora de designar sucesor al frente del PP.

Nadie quiere acordarse ahora de que en la campaña de las Generales de 2008, cuando la burbuja inmobiliario-financiera ya había explotado, Mariano Rajoy dijo en un mitin lo siguiente: Yo voy a hacer una política económica como la que hizo Rodrigo Rato”.

Nadie quiere acordarse ahora de que a finales de 2009 Mariano Rajoy consiguió imponer a Rato como presidente de Cajamadrid, frente al candidato de Esperanza Aguirre, que tenía por nombre Ignacio González, más conocido como “El Niño del Ático”.

Nadie quiere acordarse ahora de que en diciembre de 2009, cuando los efectos de la burbuja inmobiliario-financiera habían destrozado ya buena parte de las economías familiares de este país, Cristina Cifuentes colocó este mensaje en su perfil de Twitter: “Rato fue el mejor Ministro de Economía en España desde la Democracia”.

Nadie quiere acordarse ahora de que a principios de 2010 la propia Esperanza Aguirre decía que “Rato es probablemente la persona que puede hablar con más autoridad y conocimiento de causa acerca de cómo se puede superar la crisis económica, de cómo en apenas dos años, del 96 al 98, fue posible sacar a la economía española del coma en el que estaba instalada y convertirla en una de las economías más pujantes del mundo”.

Lo único que acertaron a decir los dirigentes populares mientras su gran icono económico caía, es que la ley es igual para todos y que cada cual debe responder de sus propios actos ante la Justicia. Dos verdades a medias, ya que si bien es cierto que la ley es igual para todos, cada vez está más claro que la Justicia no lo es. De haberlo sido, los defraudadores que se acogieron a la amnistía fiscal de Montoro no hubieran tenido la oportunidad de regularizar sus obligaciones fiscales pagando a Hacienda un porcentaje inferior al que debe abonar un trabajador en precario por su ridículo salario.

Si la Justicia fuera igual para todos, Rodrigo Rato no hubiera pasado la noche en su domicilio, sino en uno de los calabozos de la comisaría de Moratalaz a donde la Policía Nacional suele conducir a los detenidos de las Mareas Ciudadanas que no han cometido delito alguno (como la zaragozana Raquel Tenías), y en los que se ignora a los detenidos mientras se les tiene de pie mirando a la pared durante seis horas y media, sin garantizar el ejercicio de sus necesidades fisiológicas, y proporcionándoles una lata de fabada y una cuchara como única ingesta en dos días.

Así pues, lo único que sufrió ayer el exvicepresidente económico del Gobierno de Aznar fue un mal rato, que seguramente olvidará pagando unas cuantas multas, en el poco probable caso de que se encuentren pruebas sobre los delitos de guante blanco que se le imputan.

 

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