Un país de corruptos y de miedosos

29. junio 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El análisis sobre resultados electorales que ha publicado el diario Público no deja lugar a dudas: el electorado del PP es insensible ante la corrupción, ya que en todos los lugares donde se han conocido nuevos escándalos políticos desde el 20-D, los de Rajoy han incrementado su número de votos.

Esta realidad deja poco margen de regeneración democrática para un país que, en buena medida, sigue anclado en la incultura política y en el caciquismo.

Los verdaderos populistas son los que niegan la corrupción propia aduciendo campañas de desprestigio ajenas. Los verdaderos populistas son los que se presentan como víctimas cuando les graban utilizando los recursos del Estado a favor de su partido. Los verdaderos populistas son los que siempre se niegan a asumir las responsabilidades políticas que les corresponden.

Y al lado de esa pléyade de populistas, toda una legión de personas sin criterio a las que, al parecer, la corrupción asusta bastante menos que el contenido social de nuestra Constitución. Personas que sienten verdadero miedo ante quienes defienden la democracia participativa (artículo 23 de la Constitución), la educación pública y de calidad (art. 27), la progresividad de los impuestos (art. 31), la función social de la propiedad privada (art. 33), los salarios justos (art. 35), la fuerza vinculante de la negociación colectiva (art. 37), la sumisión de la libertad de empresa a las exigencias de la economía general (art. 38), la redistribución de rentas (art. 40), la existencia de un sistema de asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad (art. 41), la implantación de una sanidad pública con las prestaciones y servicios que sean necesarios (art. 43), la materialización del derecho a una vivienda digna (art. 47), la suficiencia económica de los ciudadanos durante la tercera edad (art. 50), o la posible nacionalización de recursos o servicios esenciales (art. 128).

En ese país de corruptos y de miedosos, es normal que se produjeran los resultados electorales del pasado domingo.

Ahora solo queda asistir a la investidura de Mariano Rajoy (por ser lo que han dicho las urnas), y esperar a que el nuevo/antiguo presidente del Gobierno lleve al BOE los recortes presupuestarios que prometió a su correligionario Juncker unas semanas antes de la cita electoral.

La regeneración democrática y la justicia social deberán esperar a mejor ocasión. Todo indica que la izquierda ganará las elecciones en este país cuando el electorado de izquierdas tenga las mismas tragaderas que el electorado de derechas, es decir, nunca.

 

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