Una foto que vale 62.200 millones de pesetas

13. marzo 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La cosa es más o menos como sigue. La globalización económica mundial puesta en marcha tras la caída del muro de Berlín facilitaba a las empresas del primer mundo su deslocalización hacia paraísos laborales de la semiesclavitud. El notable incremento de las plusvalías obtenidas era atesorado en paraísos fiscales, a la espera de una buena inversión especulativa que facilitara su multiplicación. De este modo, los gobiernos del primer mundo veían descender sus ingresos fiscales por renta y sociedades, mientras aumentaban las cifras nacionales de desempleo.

Estas circunstancias obligaban a los gobiernos a buscar nuevos modelos económicos de desarrollo. Algunos ponían en marcha burbujas inmobiliario–financieras, otros optaban por atraer a multinacionales hacia sus territorios a cambio de rebajarles o de perdonarles los impuestos. Incluso algún gobierno, como el presidido por el derechista griego Kostas Karamanlis entre 2004 y 2009, optaba directamente por falsear sus cifras macroeconómicas ante la Unión Europea.

Pero esto no era sostenible en el tiempo, así que, cuando las burbujas inmobiliario–financiero–macroeconómico–fiscales explotaron, los gobiernos del primer mundo se encontraron con un erial en los sectores económicos primario y secundario, que ya no eran “competitivos” respecto a las importaciones procedentes de los paraísos laborales de la semiesclavitud.

Mientras tanto, los ricachones y ricachonas que habían deslocalizado sus empresas hacia estos lugares, comenzaron a agrupar sus capitales en grandes fondos de inversión para luego acudir a “los Mercados”, unas entidades amorfas y deshumanizadas que, entre otras cosas, se dedicaban a prestar a los gobiernos el dinero que previamente esos mismos ricachones y ricachonas le habían escamoteado a sus respectivos fiscos nacionales por haber sacado su producción al extranjero.

Pero el préstamo no es gratis. Aparte del interés cobrado y de la obligación de devolver a sus dueños el capital prestado (cosa que no se hace con los impuestos), “los Mercados” imponen una serie de condiciones a los gobiernos, casi todas ellas relacionadas con la búsqueda de nuevos nichos de negocio para sus inversiones. La privatización de sectores públicos difícilmente deslocalizables como los suministros básicos, la sanidad, la educación o las pensiones, aparece en el punto de mira de los capitalistas. Esa es la situación en la que actualmente se encuentran los países de la eurozona.

En este contexto de evidente lucha de clases impulsada por la derecha económica y política de aquí y de allá, los sindicatos UGT y CCOO aparecen ayer en La Moncloa para dejarse fotografiar al lado de un gobierno contra el que han convocado dos Huelgas Generales y centenares de manifestaciones (la última, 48 horas antes de la foto).

La razón de tan incomprensible comportamiento es simple: se trataba de la puesta de largo de un engendro llamado “Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven 2013–2016”, pactado recientemente por Gobierno, UGT, CCOO, CEOE y CEPYME, que pretende distribuir a corto plazo 680 millones de euros de dinero público (unos 113.000 millones de pesetas) en estímulos a empresas para la contratación de jóvenes, así como 646 millones de euros (unos 107.500 millones de pesetas) para el fomento del autoempleo entre jóvenes, y 374 millones de euros (unos 62.200 millones de pesetas) para la formación laboral.

Esta última línea del párrafo anterior es la que, sin duda, mueve a Cándido Méndez y a Ignacio Fernández Toxo a aparecerse junto a Rajoy como dos espectros paniaguados, dos entidades del inframundo reivindicativo que, de vez en cuando, remontan la Laguna Estigia para garantizarse ingresos similares a los que en el pasado reciente han aportado los convenios para la formación laboral a las arcas de sindicatos y organizaciones empresariales. O eso,… o es que Méndez y Toxo son dos personas “faltas o escasas de entendimiento o razón”.

De hecho, solo las personas “faltas o escasas de entendimiento o razón” podrían llegar a pensar que la pomposa “Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven 2013–2016” va a servir para luchar contra la tasa del 55,6% de paro que los jóvenes trabajadores y trabajadoras de este país padecen actualmente. Porque, pongamos que un joven desempleado o desempleada acude a uno de los cursos de formación impartidos por UGT, CCOO, CEOE o CEPYME, y luego se hace autónomo/a low cost para fundar una sociedad que tributa a un tipo reducido del 15% durante los dos primeros años de beneficios ¿Quién le garantiza el éxito empresarial en un país lastrado por una brutal caída de la demanda interna causada por la política de recortes, de despidos masivos y de salarios tercermundistas que la patronal impulsa y que el Gobierno bendice?

 

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