Una huelga general por nosotros mismos

28. septiembre 2010 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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Durante las últimas semanas han podido escucharse todo tipo de argumentos a favor y en contra de la huelga general convocada para mañana 29 de septiembre.

 

Dejando aparte la identidad de los sindicatos mayoritarios convocantes, su penosa trayectoria de sumisión a un falso diálogo social durante los últimos años, y la circunstancia evidente de que esta huelga general debería haber llegado mucho antes, lo cierto es que la ciudadanía española tiene mañana ante sí una magnífica oportunidad para manifestar su rebeldía ante las mentiras que todos los días se propagan desde las más diversas instancias políticas y económicas.

 

La primera de las mentiras es que la salida de la crisis depende de una notable reducción de los salarios y de los derechos laborales en nuestro país. Más bien al contrario, y como afirmábamos en uno de nuestros editoriales de ayer, esta legitimación política de la cicatería empresarial puede conducirnos a una reducción de la renta disponible, con el consiguiente descenso de la demanda interna, que podría acarrear un hundimiento más profundo de nuestra economía. La crisis no fue provocada por unos salarios altos ni por un despido caro, por lo que la inversión de estas situaciones no puede conducir nunca a la recuperación económica.

 

La segunda de las mentiras es que no hay otras políticas posibles, ya que el FMI, la UE, el BM, el G–20 y los especuladores de Wall Street apuestan al unísono por ellas. Pues bien, Obama acaba de presentar un plan de recuperación de la economía sobre la base de una masiva inversión pública en infraestructuras, y Alemania (donde apenas se ha incrementado el paro) ha salido ya de la crisis con unas medidas de austeridad mucho menos leoninas que las propuestas en España por Rodríguez Zapatero, y sobre todo, con la garantía que supone poseer un fuerte sector productivo nacional (algo a lo que nuestro país renunció para crecer sobre sectores volátiles como el turismo o la construcción).

 

Pero sobre todo, la inmensa porción de ciudadanía española perjudicada directamente por las medidas de ajuste de Rodríguez Zapatero (parados, funcionarios, trabajadores por cuenta ajena, autónomos, dependientes, pequeños empresarios, etc.) debería mostrar mañana su rechazo al golpe de Estado silencioso que supuso el viraje económico realizado en mayo por el legítimo Gobierno de España, en contra de su voluntad política y de su programa electoral, y por mandato de unos entes llamados “Mercados” que carecen de toda legitimidad para decidir sobre nuestras vidas, al no haber comparecido jamás en proceso electoral alguno.

 

Mañana es el momento de reivindicar la dignidad de la ciudadanía española y de la democracia en nuestro país, aunque no nos gusten los convocantes de la huelga general o aunque pensemos que esta movilización ha tardado demasiado en hacerse realidad. Pasado mañana será tarde.

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