Vender el sol, apropiarse del viento

22. julio 2013 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Hasta ahora, el régimen de Rajoy se había dedicado fundamentalmente a regalar dinero público a las entidades financieras quebradas por sus propios errores, a recortar el gasto público para perseguir la quimera de la consolidación fiscal, y a pisotear el modelo socioeconómico establecido en la Constitución Española con el propósito de sustituirlo por el nuevo orden neoliberal.

Sin embargo, el pasado viernes el Gobierno anunció su intención de dar un nuevo paso, tan execrable como antiecológico: penalizar a los usuarios que opten por el autoconsumo energético a través de dispositivos vinculados a las energías renovables.

En muchos países de nuestro entorno no sólo no se penaliza sino que se favorece esta opción desde las instituciones. Pero los Moncloa Boys mantienen voto de obediencia respecto a las grandes empresas suministradoras de electricidad, gas, combustibles o telefonía.

Si una familia o empresa decide realizar una inversión de futuro para cubrir sus necesidades energéticas a través de las renovables y desvinculándose de la red ordinaria de suministro, no hay apartado alguno del sentido común que le pueda impedir hacerlo. Lo contrario sería vender el sol o apropiarse del viento, que es lo que pretenden las empresas energéticas con la complicidad de un régimen incapaz de cuestionar las tendencias económicas que llegan desde Bruselas, pero dispuesto a contradecir las orientaciones medioambientales que proceden de ese mismo lugar.

 

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One Comment to “Vender el sol, apropiarse del viento”

  1. juan dice:

    No puedo decir más que esto es una desverguenza por parte del Gobierno que lo tolera. No obstante, queda claro que no es un Gobierno al servicio de los ciudadanos, quienes les han votado, a quienes han convencido para obtener su voto, a quienes en definitiva han engañado para conseguir el poder de los ciudadanos y ponerlo al servicio de las grandes corporaciones financieras e industriales. Todo ellos sin rubor ni verguenza y creyéndose miserablemente que los ciudadanos somos tontos.