Vergonzosa sumisión

11. marzo 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Un comisario de la Policía Nacional sospechoso de chantajear al actual presidente madrileño a propósito de las oscuras maniobras económicas de éste; la intervención de la entidad financiera andorrana donde Jordi Pujol guardaba parte de la fortuna amasada sospechosamente durante las mismas décadas en las que los poderes del Estado miraban hacia otro lado; un ministro de Defensa, antiguo comerciante de armas, que adjudica contratos a su antigua empresa; un chavalín capaz de estafar y engañar a las más altas instancias del Estado sin que ninguno de sus responsables asuma su parte de culpa; una ejemplar comandante del Ejército de Tierra que se ve obligada a abandonar su empleo después de ganar el juicio contra el superior que la acosaba;…

Parecen asuntos propios de un país de charanga y pandereta, pero lo cierto es que forman parte de los más recientes resúmenes informativos de la ultraeuropea y megamoderna España de 2015.

Si alguien piensa que no es necesaria una profunda revolución en nuestro país, es porque considera que los hechos narrados más arriba son normales e inevitables. Esta vergonzosa sumisión ante la ignominia es, al mismo tiempo, la principal causa que hace de España el escenario perfecto para episodios tan infames como los descritos, y la razón por la cual esta revolución debe darse, sobre todo, en el ámbito de lo personal.

Aunque nos encontremos en el año más electoral de la historia de España, que nadie piense que el cambio va a ser traído por líderes políticos emergentes o por partidos políticos novedosos. La gran revolución pendiente de este país es un largo proceso que está en el interior de cada uno de sus habitantes; una revolución individual hacia la ética, la honestidad, la justicia y el compromiso con la sociedad de la que se forma parte. Esperemos que se cumpla aquella máxima enunciada hace dos milenios y medio por el filósofo chino Lao-Tsé: “el viaje más largo comienza con un paso”.

 

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