Vergüenza comunitaria

18. marzo 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

La Unión Europea, un territorio habitado por 508 millones de habitantes, se niega a recibir a 160.000 refugiados de las guerras de Siria, Iraq y Afganistán. Y cuando recibe a los pocos que consiguen rebasar el nuevo Telón (de Cuchillas) de Acero, surge de inmediato la más rancia xenofobia social, política e institucional.

Eso es todo lo que da de sí una Unión Europea construida sobre rimbombantes principios solidarios y humanitarios, pero que se hunde en un pozo de soberbia y egoísmo cada vez que tiene que ponerlos en práctica.

El acuerdo que alcanzaron la Unión Europea y Turquía el pasado 7 de marzo, luego transfigurado en preacuerdo tras el escándalo humanitario que suscitó su tenor literal, confirma la negativa comunitaria a recibir en su territorio a hombres, mujeres, ancianos y niños que lo han perdido todo en una guerra patrocinada por otros.

La UE ha decretado que no tiene sitio para 160.000 refugiados. En cambio, sí lo hay (o lo habrá) para un nuevo Estado miembro, Turquía, cuyos trámites de ingreso se agilizarán a cambio de que ahora ejerza de portero de discoteca en la frontera suroriental de la Unión. Poco importa que este nuevo socio esté gobernado por islamistas, que pisotee el derecho de reunión en la plaza Taksim, o que aplaste la libertad de prensa con el cierre del diario Zaman y de la agencia de noticias Cihan.

Vergüenza comunitaria produce el hecho de que dos organismos de Naciones Unidas, ACNUR y el Alto Comisionado para los Derechos Humanos, se hayan visto obligados a dar sendos toques de atención a la UE tras la firma del acuerdo con el gobierno de Erdogan.

Vergüenza comunitaria produce la similitud entre las actuales imágenes de los refugiados, y aquellas otras protagonizadas por quienes huían de la Guerra Civil Española o de la Segunda Guerra Mundial.

Vergüenza comunitaria.

 

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