“Víctimas” de la mediocridad

31. enero 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Gracias al actual gobierno municipal de Zaragoza, los y las habitantes de la capital aragonesa tienen un motivo más para avergonzarse del lugar en el que viven. Este motivo se llama “Víctima” y es una escultura de Fernando Clavo Sanz que pretende servir como Memorial a las víctimas de la violencia machista.

Hasta ahora, Zaragoza era una ciudad alérgica al progreso, anclada en tradiciones absurdas, reacia a la cultura, comprometida con el inmovilismo, y sobre todo, satisfecha de su pretendida mediocridad. Pero desde este momento, y gracias -como decimos- a un gobierno municipal “del cambio”, Zaragoza también va a ser conocida por la instalación en la vía pública de una escultura contra la violencia machista que es abiertamente rechazada por las organizaciones que luchan contra la violencia machista.

No hay que ser experto en arte para darse cuenta de que esta escultura evoca la imagen de una “mujer humillada, rendida, con la cabeza agachada, débil, sola y hundida, inerte e indefensa”, tal como denunciaba en junio del año pasado la Coordinadora de Organizaciones Feministas de Zaragoza.

De poco sirvieron sus objeciones. La suerte estaba echada porque el jurado impuso su criterio, con los votos a favor de Fernando Rivarés (consejero de Economía y Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza), Leticia Crespo (concejal de CHA e impulsora de esta iniciativa), Mariela García y Arturo Gómez (ambos representantes de la Asociación de Artistas Plásticos). En contra se posicionaron Teresa Solanilla (representante de la Casa de la Mujer), Pilar Láinez (representante de la Coordinadora de Organizaciones Feministas de Zaragoza) y Patricia Rodrigo (representante de la Asociación de Galerías de Aragón).

Llama la atención que dos políticos concienciados contra la violencia machista como Fernando Rivarés y Leticia Crespo no fueran capaces de detectar a simple vista la carga de humillación, debilidad y genuflexión que encierra esta escultura de 18.000 euros. Y también llama la atención que, después de las críticas recibidas por parte de las organizaciones feministas y de una parte importante de la sociedad zaragozana, el gobierno municipal no haya encontrado una manera de evitar que esta aberración conceptual haya acabado instalada en la vía pública.

Tras el anuncio de que las organizaciones feministas renuncian a concentrarse en torno a esta escultura cuando haya que lamentar nuevas víctimas mortales del terrorismo machista, al menos, la obra de Fernando Clavo servirá para explicar a los turistas la manera más rápida e ignominiosa de despilfarrar 18.000 euros de las arcas municipales. No estaría de más alguna dimisión, aunque en este terreno, mucho nos tememos que los gobiernos “del cambio” presentan demasiadas similitudes con los gobiernos de la “vieja política”.

Foto: Aragón Press

 

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