Votar de oídas

11. julio 2016 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Según la ideología liberal, la actuación económica del Estado debe limitarse a apoyar las actividades de las grandes empresas, ya que éstas son las creadoras de empleo y de riqueza. Sin embargo, cuando el liberalismo se practica en el marco de una democracia, sus ideólogos ocultan siempre un pequeño detalle al electorado: las grandes empresas no se rigen por el interés general, sino por el interés particular de sus propietarios o accionistas.

A partir de ese desajuste conceptual, es posible entender algunos datos contradictorios como el que hoy publica el diario Infolibre.es: la Seguridad Social española ingresa 1.350 millones de euros menos que en 2011 pese a tener alrededor de 70.000 afiliados más. En el origen de este desajuste se encuentran la precariedad laboral y las subvenciones a la contratación, dos efectos perniciosos de las medidas legislativas aprobadas por el régimen de Rajoy para “impulsar la economía”.

Sin embargo, ahora sabemos que lo único que estaba impulsando el régimen de Rajoy era los intereses particulares de los propietarios o accionistas de grandes empresas, que antes mencionábamos.

Y es que, según el Informe Mundial de la Riqueza, elaborado anualmente por la consultora Capgemini, en 2015 había en España 193.000 millonarios (considerando como tales a quienes poseen más de un millón de dólares en activos de inversión), lo que supone un incremento del 8,4% respecto al año anterior, y del 50% respecto al inicio de la crisis en 2008.

De hecho, mientras los empresarios españoles se aprovechaban de las medidas gubernamentales que fomentaban los salarios bajos, los despidos baratos y las subvenciones públicas a la contratación, la Encuesta de Condiciones de Vida elaborada por el Instituto Nacional de Estadística apuntaba que el 28,6% de las personas residentes de nuestro país está en riesgo de pobreza o exclusión social, frente al 22,7% del año 2008.

Queda, pues, demostrado, que la derecha política hace políticas que tienen como únicos beneficiarios a los grandes potentados de la derecha económica, lo cual nos conduce a otra reflexión: si el Partido Popular recibió 7.906.185 votos en las últimas elecciones generales, pero sólo hay 193.000 beneficiarios reales de sus políticas económicas, entonces el número de personas que han votado al PP “de oído”, por inercia y sin meditar los efectos de ese voto sobre su propia economía familiar, se eleva hasta las 7.713.185.

Demasiada incultura política para un país que se dice democrático.

 

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