Wikileaks topa con los muros del sistema

25. octubre 2011 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

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El artículo 20 de nuestra Constitución protege el derecho “a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión” y sin “ningún tipo de censura previa”. El artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice que “todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión” y que “este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

 

Sin embargo, los Derechos Humanos y constitucionales, tan esgrimidos por EEUU y sus aliados durante la Guerra Fría, se tornan ahora papel mojado en el marco del capitalismo global.

 

Wikileaks, esa página que constituye en estos momentos el principal bastión planetario de la transparencia informativa, acaba de anunciar que suspende temporalmente sus publicaciones a causa del estrangulamiento financiero al que le están sometiendo las empresas que canalizaban las donaciones que recibían.

 

El duopolio formado por VISA y MasterCard (contra el que no está previsto que actúe ninguna comisión de defensa de la competencia), se niega desde hace meses a tramitar los numerosos donativos que los internautas decidían realizar a favor de Wikileaks. A este boicot (aplicado unilateralmente, y sin que Wikileaks haya incumplido ninguna de sus obligaciones como cliente) se le ha sumado también el de PayPal, el mayor portal de pagos por internet del planeta.

 

Los poderes políticos, económicos y financieros se han conjurado para anular como sea la voz de la verdad documentada, pisoteando de nuevo la Declaración Universal de los Derechos Humanos y todas las garantías y libertades plasmadas en el marco del constitucionalismo.

 

Quizá la Dictadura de los Mercados esté preparando también en estos momentos una celda en un gulag para Julian Assange, máximo responsable de que el mundo abra los ojos ante las tropelías de los poderosos.

 

¿Dónde están ahora los liberales? ¿Dónde los grandes grupos de comunicación, esencialmente obligados a recoger el testigo de Wikileaks mientras dure su obligado silencio?

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