Wyoming, Siria y el retroceso de las libertades

7. abril 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

No hay duda de que alguien con mucho poder económico está manejando la situación política global a favor de sus intereses. Sin embargo, el 99% restante de la población debería ejercer una resistencia mucho más firme. Y es que, ante la crisis que sufre el modelo capitalista, el mundo entero está basculando hacia la extrema derecha, lo que se traduce en recortes de libertades, en actuaciones policiales y judiciales arbitrarias, en propagación de miedos injustificados, y sobre todo, en la institucionalización de la mentira como elemento central de la acción política.

Los grandes dictadores del siglo XX mentían profusamente, y sus pueblos les creían, lo que acrecentaba la espiral de autoritarismo e ignominia.

Pues bien, un proceso parecido se está comenzando a dar en estos primeros compases del siglo XXI.

Trump ordena la comisión de varios asesinatos mediante el bombardeo ilegal de una base militar siria, y todo el mundo (incluidos los grandes medios de comunicación de masas) cree su versión de los hechos: “ha sido una represalia por el ataque con armas químicas perpetrado el 4 de abril por el ejército sirio”.

Nadie se molesta en preguntar por las pruebas que demuestran esa supuesta autoría. Nadie se pregunta si EEUU, Francia y Reino Unido serían capaces de demostrar la autoría siria ante un tribunal independiente. Nadie subraya que este ataque con 59 misiles Tomahawk se ha ejecutado al margen de la legalidad internacional, y por supuesto, nadie recuerda que el único país habilitado para actuar militarmente en Siria es la Federación Rusa, ya que el legítimo gobierno del ese país ha solicitado formalmente su ayuda para luchar contra los yihadistas que intentan instaurar un califato medieval en su territorio.

En esta misma ofensiva ultraderechista global cabe incluir el mandato de la Audiencia Provincial de Madrid para que un juzgado de Alcorcón admita a trámite la querella presentada por una asociación franquista contra los presentadores de televisión José Miguel Monzón (El Gran Wyoming) y Dani Mateo, después de que ese mismo juzgado decidiera desestimar inicialmente la querella, al considerar que lo dicho por los denunciados en uno de sus programas no era merecedor de reproche penal alguno.

¿Y qué fue lo que dijeron exactamente los denunciados? Pues dijeron que el Valle de los Caídos, alberga la cruz cristiana más grande del mundo, con 200.000 toneladas de peso y 150 metros de altura, el triple de lo que mide la torre de Pisa. Y eso es porque Franco quería que esa cruz se viera de lejos; ¡normal!, porque ¿quién va a querer ver esa mierda de cerca?”.

Y no podían estar más en lo cierto, ya que, si bien la cruz cristiana, en tanto que símbolo religioso, merece el mismo respeto que cualquier otro símbolo análogo, esta cruz concretamente es una monumental mierda petrificada, ya que no está instalada en el Valle de los Caídos para simbolizar a una religión, sino para glorificar a un régimen dictatorial, y sobre todo, para seguir humillando –décadas después– a quienes tuvieron la decencia y la valentía de oponerse a él.

En el proceso judicial que ha instado la Audiencia Provincial de Madrid, habría que llamar a declarar al papa Francisco (máximo representante de Jesucristo en la Tierra –según la tradición católica–) para que dictaminara si la cruz debe ser o no un símbolo de la represión, la tortura, el odio y el genocidio que los diversos fascismos extendieron por el planeta durante buena parte del siglo pasado; y en caso de que así lo estimara, para que demostrase en qué pasaje del Nuevo Testamento basa su dictamen.

 

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