Yak-42: justicia en diferido

3. enero 2017 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Que un órgano consultivo del Estado diga que hace más de una década se cometió una injusticia política y judicial con las víctimas del Yak-42 y con sus familiares, no debería ser motivo de alborozo. Mucho menos, si de ese órgano consultivo forma parte el Fiscal General del Estado, una institución ejecutiva que, en su momento, contribuyó a que la injusticia se materializara.

Casi 14 años después del accidente aéreo que costó la vida a 62 militares españoles (20 de ellos, destinados en Zaragoza), a doce tripulantes ucranianos y a un ciudadano bielorruso, el Consejo de Estado dice ahora que el Ministerio de Defensa, dirigido entonces por Federico Trillo, fue responsable de la tragedia porque pudo haberla evitado y no lo hizo.

Todo el mundo supo casi al instante dónde había que buscar las responsabilidades políticas y penales de la tragedia. La política de subcontrataciones en cadena para el transporte de tropas, la falta de inspección sobre la calidad de esos “servicios” y el desprecio del gobierno de Aznar ante las quejas recibidas por las deficiencias observadas en esos vuelos de la muerte, fueron la tormenta perfecta para que 62 ciudadanos españoles perdieran la vida.

A pesar de ello, el ministro Federico Trillo tuvo la desvergüenza de no dimitir, y de permanecer en el cargo hasta el final de su mandato (quizá para acumular trienios). Por su parte, los tribunales españoles (con la complicidad de una Fiscalía que cada vez ejerce menos como tal y más como Abogacía del Estado), se enzarzaron en una maraña legal diseñada para exonerar a Trillo, a Aznar y a las cúpulas militares de España y de la OTAN.

Al fin y al cabo, los señoritos de este país siempre se han ido de rositas, algunos -incluso- hasta Londres, ciudad donde actualmente Federico Trillo ejerce como embajador de España ante el Reino Unido.

Poco consuelo puede aportar a los familiares de las víctimas el hecho de que una institución absolutamente irrelevante les dé la razón en diferido, como simulación de lo que, efectivamente, debería haber sido Justicia. Al menos, se nota la mano de Cospedal en un gobierno lleno de españoles, muy españoles y mucho españoles, que se parten la mano contra el pecho cada vez que oyen la palabra “España”, pero que con la misma vehemencia desoyen el clamor de 62 familias que piden justicia.

 

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