#YoNoSoyTrapacero

9. abril 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Si alguna de las acepciones del Diccionario de la Real Academia Española definiera el término “catalán” como “tacaño, avaro”; “andaluz” como “vago o poco trabajador”; o “aragonés” como “tozudo, testarudo”, se habría producido una campaña destinada a terminar con la legalización lingüística de estos tópicos peyorativos, presentes –sin embargo, y por desgracia– en el imaginario colectivo de este país.

Sin embargo, la RAE mantiene en la 23ª edición de su Diccionario la acepción “trapacero” (es decir, “el que con astucias, falsedades y mentiras procura engañar a alguien en un asunto”), para definir la palabra “gitano”. En la versión digital de la 22ª edición del Diccionario (que es la que actualmente se puede consultar a través de Internet), todavía se puede leer que un gitano es alguien “que estafa u obra con engaño”.

Ante las objeciones planteadas por la Oficina del Defensor del Pueblo, la RAE se defendía el pasado mes de noviembre diciendo que no siempre puede atender las solicitudes de supresión de palabras o acepciones que “resultan injustificables para determinadas sensibilidades”, ya que “los sentidos implicados han estado hasta hace poco, o siguen estando vigentes en la comunidad social” por lo que “el lexicógrafo está haciendo un ejercicio de veracidad”.

En línea con el ejemplo de los tópicos regionales explicado arriba, hay que decir que este argumento de la RAE no se sostiene en absoluto. Durante las últimas décadas, España ha experimentado la evolución cultural suficiente para saber que no todos los catalanes son tacaños, que no todos los andaluces son vagos, que no todos los aragoneses somos tozudos, y que no todos los gitanos son trapaceros, estafadores o mentirosos.

Ahora, sólo falta que la RAE se dé cuenta de esto último.

 

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