Zaragoza 10 – Agapito 0

14. mayo 2012 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Desde el punto de vista objetivo, la gesta que ayer culminó el Real Zaragoza ni siquiera debería ser noticia, ya que un club como éste debería estar obligado, al menos, a permanecer en la primera división del fútbol español al final de cada temporada.

Sin embargo, los deportes de masas son un terreno cada vez menos abonado para la objetividad, y más para la épica, la pasión, la emoción, el sufrimiento, la decepción, la euforia y para esas doscientas mil cosas más que son capaces de hacer soñar, reír, padecer, gritar o llorar a una buena parte de la población.

En este sentido, la permanencia del Real Zaragoza en la primera división representa el triunfo de una plantilla, de un entrenador, de una afición y de una ciudad entera sobre un mal gestor que, desde su puesto directivo se empeña año tras año en crear las condiciones necesarias para que el equipo acabe la temporada en un lugar que, por historia, prestigio y presupuesto, no le corresponde.

Sin ninguna duda, Agapito Iglesias es lo peor que le ha pasado a este club desde su fundación en 1932. Sin embargo, el simple aliento de la afición ha demostrado ser más fuerte que el dueño del Real Zaragoza, por muchas leyes mercantiles que le protejan en su nefasto papel de propietario de algo que ni comprende ni le pertenece.

Gracias a una hazaña jamás conseguida por ningún otro equipo de nuestro país, el Real Zaragoza ha conseguido la permanencia en los últimos minutos de la última jornada de la temporada 2011–2012, después de haber llegado a estar doce puntos por debajo del listón de la permanencia.

A partir de hoy, toca preparar la siguiente temporada, un reto que viene lastrado por los compromisos de pago incluidos en el plan de viabilidad que acaban de sacar al club del concurso de acreedores en el que estaba inmerso.

Es la hora de la imaginación, de la habilidad en las inversiones, y de la apuesta por la cantera, únicos elementos de los que disponen los clubes/territorios/Estados empobrecidos por la acción especuladora e irresponsable de quienes manejan sus riendas.

Aunque, al margen de esto, lo mejor que le podría ocurrir al Real Zaragoza es que Agapito Iglesias abandonara un puesto al que nunca debió haber accedido, como tantos otros ignorantes en otros cuantos órdenes de la vida.

 

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