Zaragoza post-Expo: turismo y oportunidades

7. agosto 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Con la producción industrial concentrada en los paraísos laborales de la semiesclavitud, y una vez descubierto el trampantojo de la Construcción, todo parece indicar que el sector Servicios en general y la actividad turística en particular pueden erigirse como los principales motores de desarrollo económico en nuestro país a corto y medio plazo. Supone un gran error jugarse todo a una sola carta (como en el pasado reciente ocurrió con el ladrillo), pero es el menú del día que nos han servido los sacerdotes del dios Mercado: precariedad laboral, volatilidad económica y sostenibilidad no garantizada de primero; temporalidad estacional, consumo interno deconstruido y esto-es-lo-que-hay, de segundo.

En esta situación, cada territorio deberá exprimir al máximo sus potencialidades a la hora de atraer turistas, sobre todo, en el caso del turismo de interior.

Por lo que se refiere la capital aragonesa, la realidad ha demostrado año tras año que el turismo mariano sólo sirve para entonar aquel casposo y retrógrado “virgencica, virgencica, que me quede como estoy”. Los turistas llegan en autobús a las inmediaciones de la Basílica, entran, ven, salen, compran recuerdos, hacen una consumición (con suerte una comida), y prosiguen viaje hacia su próximo destino.

Desde el Gobierno de Aragón se ha incidido en numerosas ocasiones en el bajo nivel de pernoctaciones que registran los establecimientos hoteleros de la capital aragonesa.

Quizá estos gobernantes todavía no son conscientes de que Zaragoza celebró hace seis años un evento internacional de primera magnitud, cuyo principal propósito era situar la ciudad en el mapa internacional, de modo que dejara de ser un lugar de paso entre los ejes Madrid-Barcelona y Cantábrico-Mediterráneo, para convertirse en un destino turístico y empresarial de primer orden.

Sin embargo, la nueva Zaragoza permanece en el recinto de Ranillas olvidada por algunos de los que más deberían promocionarla. El Acuario Fluvial, la Torre del Agua, el Pabellón Puente, el Telecabina Aramón, el Pabellón de Aragón, el Parque del Agua, el Pabellón de España y las intervenciones artísticas que jalonan las riberas, son argumento suficiente para que quienes vienen a la capital aragonesa atraídos por la referencia mariana, permanezcan, al menos, un día más en la ciudad. No es preciso explicar los positivos efectos económicos que supondría esta prolongación de las estancias para el sector de la hostelería. Quienes no sean capaces de verlos, quizá deberían abandonar los cargos institucionales que ocupan.

 

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