Amnistía Internacional denuncia el uso inhumano de las unidades de aislamiento penitenciario en Arizona

3. abril 2012 | Por | Categoria: Hoy destacamos, Internacional

>>> Más de 2.000 presos están confinados durante meses o años en condiciones de aislamiento extremo y privación sensorial

Londres (Reino Unido).- El cruel régimen de aislamiento penitenciario de Arizona deshumaniza a los reclusos y las autoridades no atienden a sus necesidades básicas de salud física y mental, ha declarado Amnistía Internacional (AI) en un nuevo informe dado a conocer hoy.

En el informe “Cruel isolation: Amnesty International’s Concerns about Conditions in Arizona Maximum Security Prisons” se denuncia que más de 2.000 presos están confinados durante meses o años en condiciones de aislamiento extremo y privación sensorial.

Uno de cada 20 reclusos de Arizona está en régimen de aislamiento, una proporción inusualmente alta, aunque acorde con un país del que se cree que tiene más presos en aislamiento que ningún otro Estado del mundo. También se cree que hay más de una docena de menores de entre 14 y 17 años en aislamiento en una unidad especial destinada a menores juzgados y condenados como adultos.

“El régimen de aislamiento de Arizona es inhumano” ha afirmado Angela Wright, investigadora de AI sobre Estados Unidos. “Todo, desde las celdas hasta la ausencia de atención médica y de oportunidades para la rehabilitación, parece expresamente concebido para deshumanizar a los presos”, señala Wright.

“El aislamiento sólo debe emplearse como último recurso y durante periodos breves. Nunca debe imponerse a menores o a reclusos con enfermedades mentales”, apunta la investigadora.

La mayoría de los presos sometidos a este régimen están en las Unidades de Régimen Especial del Complejo Penitenciario Estatal de Eyman, en Arizona. En estas unidades, los internos pasan casi 24 horas al día en pequeñas celdas sin ventanas, con poco acceso a la luz natural o al aire fresco.

Tampoco tienen acceso al trabajo, la educación o a programas de rehabilitación, y sólo se les permite salir de la celda un máximo de tres veces a la semana, durante dos horas como máximo cada vez, para ducharse y hacer ejercicio solos en un pequeño patio a donde rara vez llega la luz del sol.

Las visitas de familiares o abogados tienen lugar detrás de una pantalla, sin ningún contacto físico.

En una carta enviada a Amnistía Internacional, un preso que ha estado años recluido en unidades de aislamiento de Arizona calificaba las condiciones de insoportables; en algunas unidades las paredes están llenas de comida, orina y heces. Según algunos informes, muchos reclusos tienen infecciones por estafilococos en la piel.

Los presos recluidos en régimen de aislamiento han sido clasificados por las autoridades de alto riesgo para los demás. Sin embargo, no todos parecen reunir este criterio; por ejemplo, según ciertos informes a los que ha tenido acceso AI, a algunos se les ha sometido a aislamiento por reincidir en infracciones menores.

Muchos de estos internos padecen enfermedades mentales o discapacidades de la conducta, estados que probablemente se deterioran debido a sus condiciones de reclusión.

Los expertos de salud han afirmado que el aislamiento del tipo impuesto a los reclusos de Arizona puede causar graves daños psicológicos, como ansiedad y depresión, distorsiones en la percepción y psicosis, incluso en aquellos que no sufrían ninguna enfermedad previa.

Estudios y datos de diversas fuentes revelan que los suicidios son más frecuentes en las unidades de aislamiento que entre la población penitenciaria en general.

Entre octubre de 2005 y abril de 2011, hubo al menos 43 suicidios en las prisiones para adultos de Arizona. De los 37 casos de los que Amnistía Internacional obtuvo información, 23 ocurrieron en unidades de aislamiento.

Varios estados de Estados Unidos han reducido o clausurado recientemente sus unidades de aislamiento por orden judicial o debido a recortes presupuestarios. Por ejemplo, en 2007 Misisipi restringió los criterios para asignar a los reclusos a su unidad de aislamiento y comenzó a realizar actividades recreativas de grupo y comunitarias escalonadas, permitiendo con el tiempo que los presos se trasladaran a las instalaciones destinadas a la población penitenciaria general.

La unidad fue clausurada totalmente en 2010. Según las autoridades, los cambios produjeron mejoras significativas en la conducta de los presos y una reducción de la violencia y del uso de la fuerza.

“Reconocemos que a veces puede ser necesario separar a los reclusos por razones de seguridad o disciplinarias —dice Angela Wright—, sin embargo, ningún preso debe ser privado de servicios básicos como ejercicio físico suficiente, acceso a la luz natural y al aire fresco, y una interacción humana significativa”.

Durante su investigación, las autoridades denegaron la petición de Amnistía Internacional de visitar las Unidades de Régimen Especial del Complejo Penitenciario Estatal de Eyman. El departamento de prisiones rehusó reunirse con la delegación de la organización cuando ésta visitó Arizona en julio de 2011, impidiendo la inspección de primera mano del departamento y de sus instalaciones.

Los motivos de preocupación de Amnistía Internacional se basan en datos procedentes de diversas fuentes, incluidos los reclusos y quienes defienden sus derechos, miembros y ex miembros del personal penitenciario, y las políticas y procedimientos escritos del Departamento de Prisiones de Arizona.

Fotos: Amnistía Internacional

 

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