Zaragoza solicita estar incluida en el mapa de Protección Civil por riesgo de accidentes nucleares

11. junio 2014 | Por | Categoria: Aragón, Hoy destacamos

>>> El Ayuntamiento alerta del peligro que suponen para todo Aragón las centrales de Garoña, Trillo, Cofrentes, Ascó y Vandellós

Zaragoza.- El Ayuntamiento de Zaragoza ha presentado una alegación al proyecto de Decreto del Plan Territorial de Protección Civil de Aragón (Platear), en la que se solicita la incorporación de la ciudad de Zaragoza como población afectada por un posible accidente nuclear. Esta normativa está siendo elaborada por la Dirección General de Interior del Gobierno de Aragón, y se encuentra actualmente en fase de información pública.

El informe que ha preparado el Ayuntamiento, y que acompaña a la alegación, alerta sobre la posible afección que la ciudad y otras zonas de la comunidad autónoma podrían sufrir en caso de accidente nuclear de centrales como las de Garoña, Trillo o Cofrentes, no incluidas en el Platear, a diferencia de Ascó y Vandellós, que sí lo están. Todas ellas se encuentran a una distancia máxima de 300 kilómetros de Zaragoza y podrían ser foco de contaminación de la ciudad en caso de accidente, según la dirección y velocidad de los vientos.

Un estudio internacional elaborado por el Instituto Meteorológico de Austria, hecho público por la organización ecologista Greenpeace afirmaba que una nube radiológica procedente de la central burgalesa de Santa María de Garoña (actualmente cerrada y sin actividad, pero en fase de reapertura según la empresa propietaria Nuclenor), contaminaría irreversiblemente todo el valle del Ebro, en el que viven 3,2 millones de personas, y especialmente las poblaciones de Vitoria, Bilbao, Logroño, Pamplona, Tudela y Zaragoza.

Se estima además que un accidente de las características del de Chernóbil o Fukushima (ambos del nivel 7) afectaría a más de 100.000 hectáreas de regadío y 85.000 kilómetros cuadrados de superficie, lo que obligaría a desalojar a toda la población del entorno, dañando además durante siglos unas tierras de gran valor agrícola y ganadero.

Por otro lado, se considera que existe cierta desprotección ante los posibles daños y perjuicios causados a las personas afectadas ya que la compensación económica a la que estaría obligada la empresa jamás pasaría de los 1.200 millones de euros. Una cuantía a todas luces insuficiente puesto que, por ejemplo, el coste provisional del accidente de Fukushima asciende a 520.000 millones de euros.

“Prorrogar esta central es un riesgo inasumible desde el punto de vista ambiental, sanitario, económico y ético, por cuanto estaríamos hipotecando gravemente la vida de las próximas generaciones”, señala el consejero municipal de Medio Ambiente, Jerónimo Blasco. Según el edil, “la presumible decisión del Gobierno de España de reabrir la central, unida a la congelación de las ayudas a las energías renovables van sin duda en la peor de las direcciones desde el punto de vista medioambiental y energético”.

En opinión de Blasco, la antigüedad y la obsolescencia de unas instalaciones que comenzaron a funcionar en 1969 (periodo próximo al de Fukushima I) constituye “un grave y peligroso error”.

“Por ello, como ya han comenzado a hacer otros Ayuntamientos, en Zaragoza promoveremos de forma inmediata las iniciativas oportunas a nuestro alcance para tratar de impedir y dificultar la reapertura de la central de Garoña y retomar la actividad que emprendimos en 2012, a través de mociones de Pleno y recursos judiciales”, ha anunciado Blasco.

El informe del Ayuntamiento a Platear, elaborado por la Agencia Municipal de Medio Ambiente y Sostenibilidad, recoge además las enormes necesidades hidrológicas de la central, cuyo sistema de refrigeración de los reactores consume el mismo volumen de agua que toda la población de Zaragoza durante un año.

Arte antinuclear

Durante la comparecencia ante los medios de hoy, el director del Centro Ambiental del Ebro, Francisco Pellicer, ha explicado también el significado de la intervención artística ubicada en la fachada de este equipamiento municipal. Según Pellicer, “hemos pretendido simbolizar el peligro que estas centrales nucleares suponen para Zaragoza y para el resto del valle del Ebro, con unos bidones que simulan contener desechos radiactivos, junto a un árbol que en lugar de ramas tiene barras de aluminio, y de las que no salen hojas sino cintas de alerta”.

Hierbas teñidas de azul y juncos del mismo color completan el panorama apocalíptico con el que el Centro Ambiental del Ebro se suma a la reivindicación de un mundo libre de peligros nucleares.

Fotos: cronicadearagon.es

 

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