Atentado en Noruega

25. julio 2011 | Por | Categoria: Cartas al director

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Un atentando ha sacudido a Noruega, uno de los países más avanzados del mundo, cuyo nivel de vida es de los más altos y su porcentaje de desempleo es de los menores. Sorprende por tanto que un desesperado, enloquecido o perturbado rompa con la estabilidad de un país en un arrebato inconsciente.

 

En múltiples medios de comunicación se ha manifestado que era un hombre de extrema derecha y antimusulmán, y creo que en esta descripción falta el adjetivo de ultracatólico, y creo que falta porque, llevado al extremismo, tan malos son los islamistas como los católicos como cualquier religión o creencia que idolatre la verdad insondable de sus afirmaciones. En el caso islamista-católico, ampliable al judaísmo, ambos son capaces de hacer cualquier cosa por defender su ideología y supremacía; de ello existen numerosos ejemplos en la historia de España, Europa y el mundo.

 

Este desgraciado y absolutamente deplorable acontecimiento debe servir para que políticos, ciudadanos y medios de comunicación realicemos una profunda reflexión en todas aquellas cuestiones que muy alegremente, en nuestro día a día, manifestamos sobre otras religiones, culturas, razas o ideologías ya que sin quererlo podemos estar alimentando un neorracismo religioso o cultural que desemboque en numerosos conflictos o actos terroristas de cualquier símbolo.

 

En el momento de desilusión económica y social que vivimos es muy peligroso dar cabida a sentimientos identitarios y secesionistas que planteen ser los únicos capaces de guiar a las personas a un futuro mejor. Como decía Martin Niemöller sobre el ascenso nazi en Alemania: “cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista, cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata, cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista, cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío, cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar”. No permitamos que algo así vuelva a ocurrir.

 

Jesús Alijarde (Zaragoza)

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