El ocaso de Rajoy

27. septiembre 2012 | Por | Categoria: Cartas al director, Opinión

por Fernando Navaro Henar

La destrucción lenta, paulatina, sistemática e irreversible del Estado del bienestar que el equipo de gestores (obsérvese que utilizo la voz gestores y no gobernantes) que residen en el Poder Ejecutivo (vuélvase a observar el verbo utilizado “residir”, pues es el único susceptible de utilizarse) es ya clara, manifiesta e indudablemente sentida por gran parte de la comunidad ya no sólo nacional, sino extramuros de nuestras fronteras.

La concentración de este día, 25 de septiembre, en las inmediaciones de la Sede de la Soberanía, y la desproporcionada presencia de quienes tienen como misión proteger los derechos y libertades de los españoles, simboliza el cansancio visceral de una ciudadanía ante la sinrazón de la actuación de unos gestores incapaces, a todas luces, de afrontar la difícil situación financiera de nuestro país con las mínimas garantías de supervivencia.

La Administración General del Estado es comparable a una empresa de ciclópeas dimensiones, comportándose en cierto modo con similares técnicas. Cuando la cuenta de resultados de una empresa arroja resultados negativos, al final dos son las vías, en líneas generales, a las que se puede recurrir: declararse en suspensión de pagos y cerrar o renovarse en profundidad con nuevos directivos, gerentes y encargados más capacitados para reflotarla. Así, ante la evidente desidia de estos últimos meses de “liderato” de Rajoy, siguiendo el símil propuesto, o se cierra la “marca España” o re renuevan los “jefes”.

Si a esto le sumamos el clamoroso fraude que supone un equipo de gestores de la cosa pública amantes del conocido y popular “donde dije digo, digo Diego”, nos encontramos con la combinación perfecta para que toda la legitimación adquirida en un proceso electoral se vaya al traste a velocidad geométricamente progresiva.

En consecuencia, por el verdadero bien de todos los españoles, ante el ocaso de la mal llamada “era Rajoy”, es el momento de tomar partido por quienes somos los verdaderos dueños, señores y propietarios de la democracia: el pueblo español.