Reflexiones sobre el año que termina

2. enero 2010 | Por | Categoria: Cartas al director, Opinión

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Antonio Pérez Gallego (Madrid).- Cumpliendo fielmente con lo acostumbrado en estas fechas, los medios de comunicación nos informan de todos aquellos eventos más significativos ocurridos durante el período, en una búsqueda de lo más relevante y hasta sintetizar en una sola frase o idea una tendencia característica definitoria y singular de una etapa que concluye (aunque muestro mi escepticismo ante particiones que no signifiquen una continuación), aquello por lo que será posteriormente recordado el año o la década. Para ello, distintos personajes son consultados acerca de lo que a su juicio y en el ámbito de su especialización debe ser destacado.

 

El auge y acceso universal a la información, la reiteración de determinadas noticias y la formación de una conciencia y preocupación generales, muy probablemente acabarán por relegar a un plano cada vez más irrelevante la particular idiosincrasia de espacios o territorios menores.

 

La repercusión y alcance de esta centralización, la exclusión y posible pérdida de identidades, acaso sea el precio que tengamos que pagar en el camino que hemos emprendido hacia la universalización de todos los ámbitos de la vida pública. 

 

Sin negar el beneficio de una sensibilización popular en la demanda y solución a los problemas de la humanidad como la pobreza, los derechos humanos o la conservación del planeta, – de primer orden y que deben ser asumidos no sólo por quienes ejercen la representatividad y poder de decisión, sino también del individuo organizándose e influyendo en las políticas a seguir – no debemos descuidar el legado de una cultura rica en matices.

 

En este momento, en el somos invitados a reflexionar acerca de lo que es o ha sido el año que termina, en el que somos víctimas de la síntesis (incesantemente bombardeados por listas sobre los mejores libros del año, las mejores películas o los mejores discos) y hacemos una valoración sobre nuestro pasado reciente, nuestros anhelos o deseos cumplidos y, también, el momento de encontrar una disculpa a aquello que nos propusimos y no llegó a término y, con ello, la identificación de las metas del año próximo, debemos demandar, junto con las soluciones más acuciantes y los retos que deben asumirse necesariamente, un lugar de realización y búsqueda de lo propio. Todo debe tener cabida.

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