De lealtad, confianza y calidad

10. junio 2011 | Por | Categoria: Magazine, Opinión

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Raúl Bruna.- Podría pensarse que para el CRÓNICA DE ARAGÓN resulta recurrente acudir a la mediocridad y la estupidez de la mayoría de nuestros actuales políticos, pero la realidad es que lo que resulta es… inevitable, más que por el asunto en sí, por la capacidad de aproximarse al infinito que, día a día, nos demuestran.

 

Tal aproximación está llegando a un punto en el que opinar sobre ello y sobre ellos y hacerlo con sinceridad no te deja más remedio que ser incluso cruel, al menos tanto como ellos mismos lo están siendo con el incauto populacho al que dicen representar y del que dicen saber qué necesitan y hasta qué opinan, todos, todos, sobre cada una de las cuestiones que a ellos les da la gana.

 

El pueblo español lleva ya unos cuantos años soportando auténticos déspotas, inútiles, demagogos y manipuladores al frente de este país que, seguramente, merece lo que tiene, pero hasta cierto punto.

 

Y es que uno, que tiene cierta edad, conoció una generación de políticos que, con sus aciertos, sus fallos y sus coincidencias ideológicas, o no, con las propias, eran políticos estadistas, políticos que buscaban lo mejor para su país, políticos que tenían sus límites incluso en la más feroz de las batallas de campaña electoral.

 

Considero, y es tan sólo mi humilde opinión, que desde la triste oposición del triste míster “Ansar” que fue sucedida por el triste gobierno del mismo triste míster, el carácter estadista y la responsabilidad política sucumbió ante el más egocéntrico y narcisista estilo personal que, por contra de habernos enseñado el camino nunca a seguir, parece habernos situado en un carril de único sentido, el del “lo que a mí me dé la real gana siempre que me funcione”, el del “fin que a mí me interesa justifica los medios que a mí me den la gana”.

 

A él, al triste Ansar, le funcionó, y no sólo para gobernar durante siglos, que a mí me lo parecieron, sino a sus discípulos, a esos como los del Gürtel, que a pesar de estar demostrado lo que son siguen contando con el apoyo e, incluso y tristemente, la admiración de sus conciudadanos.

 

Y con diferente pero igual (quepa la contradicción) estilo, su también triste y digital sucesor, el hasta ahora eterno perdedor y probablemente futuro ganador sin méritos, ahí está llevando adelante una oposición que, según él y los suyos, nunca puede ser criticada. Como si no tuviera responsabilidad alguna sobre el estado de la Nación.

 

Me parece que Rodríguez Zapatero pasó un tiempo entre algodones, los que a muchos gobernantes les hace parecer buenos y eficaces cuando no tienen mérito alguno, y me parece que cuando, también como a muchos gobernantes, tuvo que serlo, fracasó y está fracasando con la rotundidad con la que Aznar hizo el ridículo en las Azores, pero obviar por ello la labor de la oposición es igual de ridículo y, lo que es peor, de una estupidez digna de múltiples estudios sociológicos y, quizá, psicológicos.

 

Andamos de aquí para allá con la puta confianza de los putos mercados, reclamada desde variados organismos intervencionistas y antidemocráticos (es mi opinión… y la de muchísimos ciudadanos), reclamada hasta la saciedad desde los comodísimos y carísimos bancos colorados del Congreso de los Diputados y desde los otros bancos allí donde estén: el Senado, las Cortes autonómicas…

 

Pues bien, para no salir de la costumbre, del estilo opositor patético y antiestadista demostrado hasta el momento, no se les ocurre otra cosa que, sin datos concretos ni aproximados, salir a la palestra a decir que estamos, Comunidad por Comunidad (supongo que menos las que ellos gobiernan), en la quiebra, en la más absoluta ruina.

 

Perfecto, los mercados de los cuyons estarán de lo más confiados para echar una mano a este país que, supuestamente, es el suyo, ese al que dicen saber cómo sacar de la crisis y hacer que todos seamos hermanos cuando, siempre en mi opinión, nos tratan y nos tratarán como auténticos primos. Y no de zumosol.

 

Y me pregunto yo… pobre ciudadano, incauto miembro del incauto populacho, inculto incapaz de entender sus planes, sus mensajes y sus soluciones entrelineadas, que si, hipótesis la mía, acaba ganando las elecciones generales el ahora opositor grupo de mendrugos politicachos de entre los mendrugos politicachos generales de nuestro pobre país, ¿qué clase de oposición tendrán que hacer los mendrugos politicachos que ahora están gobernando?

 

Porque si donde las dan, las toman, apañaos vamos los españolitos, pero por otra parte, no creo que todavía haya nacido nadie en el mundo, ni en la galaxia, tan tonto como para opositar a su ex opositor con responsabilidad y sentido de Estado cuando les ha salido tan bien la jugada de no ser ni responsable, ni estadista.

 

Y a España, y a los españoles, que les vayan dando por donde amargan los pepinos, los que Europa, la que nos dicta, nos ha dicho que nos metamos por ese mismo sitio. O al menos dos tercios de los que hemos tenido que tirar a la mierda por culpa del primogénito europeo.

 

He dicho.

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