Bipartidismo difunto

3. noviembre 2014 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

El fin de semana de difuntos ha servido para confirmar la defunción del turno bipartidista que viene rigiendo los designios de nuestro país desde 1977. Según la encuesta de Metroscopia publicada ayer por El País, Podemos se sitúa en estos momentos como primera fuerza del país con un 27,7% de intención de voto, seguida por PSOE (26,2%), PP (20,7%), IU (3,8%) y UPyD (3,4%).

Muchas son las razones que explican el ascenso de Podemos hasta la condición de fuerza política preferida por la ciudadanía, aunque la principal de ellas es tan evidente como fácil de comprender: la demostrada incapacidad del PSOE primero y del PP después a la hora de realizar una política económica al servicio de las personas (como ordena la Constitución) y no de oscuros poderes únicamente interesados en incrementar las fortunas personales de quienes los sustentan.

Por eso, el estrepitoso derrumbe del PSOE y del PP es también el derrumbe de un modelo económico que sólo sabe generar pobreza generalizada, despidos baratos, salarios de miseria, frustraciones vitales, desahucios inmobiliarios, condiciones laborales tercermundistas, injusticias fiscales, desigualdades sociales, y por supuesto, políticos corrompidos tanto desde el punto de vista ético como desde el patrimonial.

En este país sobran gobernantes chulescos, politiquillos corruptos, ministros que afirman que el 98,8% de la Constitución es papel mojado, monaguillos de Merkel, y correas de transmisión entre la patronal y el Partido — (cada cual, sustituya los guiones por el adjetivo político que prefiera).

Por el contrario, se echan cada vez más en falta cargos públicos que acrediten la suficiente humildad para reconocer que su ideología económica podría ser errónea, y la inteligencia necesaria para considerar las alternativas que llegan desde la experiencia y desde el conocimiento científico.

El neoliberalismo es incompatible con la democracia, con los Derechos Humanos y con el modelo del Estado social establecido en el primer artículo de la Constitución (uno de esos que, según el ministro García-Margallo, es sólo “literatura”). Afortunadamente, la ciudadanía española está comenzando a reaccionar electoralmente contra este virus, contradiciendo a aquellos que pensaron que las manifestaciones de los indignados y las posteriores movilizaciones de las mareas ciudadanas eran flor de un día.

Ahora ya sabemos que el austericidio va a terminar en España. La cuestión es quién va a acabar con él y cuándo. Los políticos del bipartidismo pueden optar entre seguir ejerciendo como mayordomos del gran capital, o poner punto final a las medidas antisociales que han abanderado durante los últimos años para empezar a desarrollar el modelo socioeconómico establecido en nuestra Constitución. Si eligen lo primero, el austericidio puede terminar en cuestión de semanas; si eligen lo segundo, el fin de esta barbarie económica llegará dentro de un año, cuando, a tenor de la evolución de las expectativas electorales que ha experimentado hasta el momento, Podemos esté en condiciones de alcanzar la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. El quién y el cuándo, that is the question.

 

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