“El estandarte sangriento de la tiranía”

16. noviembre 2015 | Por | Categoria: Editorial, Opinión

Contra nosotros se ha levantado el estandarte sangriento de la tiranía”, dice La Marsellesa, ese himno magistral que viene uniendo al pueblo francés desde 1795. La “tiranía” es el Antiguo Régimen aristocrático al que la Revolución Francesa puso punto final en 1789, y “nosotros” es el pueblo concienciado y harto de injusticias que supo acabar con ella.

El pasado viernes, Francia sufrió el golpe de otra tiranía, la sostenida por una tribu de homínidos que pretende hacer retroceder al mundo civilizado hasta la realidad cruel y teocrática del siglo XIII. La única manera de que estos seres subhumanos consigan sus propósitos, es que la civilización occidental de la ciencia, la cultura, la libertad y los Derechos Humanos comience a dudar de sí misma.

Los dirigentes de las democracias occidentales han jugado con fuego en demasiadas ocasiones a lo largo de las últimas décadas, y las llamas de este incendio incontrolado llegaron el viernes a París, como antes habían alcanzado Madrid o Londres.

La invasión militar de Estados particularmente inestables para instalar en ellos el caos y la anarquía, es lo mismo que abonar el terreno para que afloren las malas hierbas. Las potencias democráticas han fracasado estrepitosamente a la hora de instalar sistemas democráticos de corte occidental en Afganistán, Iraq, Libia o Siria, pasando por alto que los anteriores gobernantes de estos países (o el actual, en el caso sirio) eran los que servían de freno al auge del yihadismo.

Hace dos años, el propio François Hollande preconizaba una intervención militar directa contra el gobierno sirio (y por lo tanto, a favor de las milicias del Estado Islámico) tras acusarle sin pruebas de que había usado armas químicas en el barrio damasceno de Guta, una acción que en realidad había sido cometida por rebeldes yihadistas.

Durante los años treinta del pasado siglo, las democracias occidentales dudaban a la hora de identificar al verdadero enemigo, entre una Alemania nazi declaradamente expansionista, y una Unión Soviética que ya había dado muestras suficientes de estar sólo interesada en construir el socialismo real en su propio territorio. Ahora las democracias occidentales dudan entre el expansionismo yihadista del Estado Islámico y los gobiernos musulmanes moderados que frenan su avance.

El adiestramiento militar de los muyahidines afganos, la destrucción del Estado iraquí, el linchamiento de Gadafi y el hostigamiento a Bashar al Assad son cuatro grandes errores de los gobernantes occidentales que ahora se vuelven contra sus respectivos pueblos.

La forma de acabar con el yihadismo antes de que nos devore la estupidez extrema de nuestros gobernantes, consta de dos vertientes. La primera es ahogar todas sus fuentes de financiación, y la segunda es aplicar soluciones militares a los problemas militares (por ejemplo, la expansión territorial del Estado Islámico en buena parte de Siria e Iraq), y dar respuestas policiales a los problemas terroristas (por ejemplo, los atentados del viernes en París).

El 13 de noviembre de 2015 se recordará por ser la fecha en la que la maldita zarpa del terrorismo abatió 129 vidas en una de las ciudades más bellas y admirables del mundo. Ahora toca arropar a los familiares de las víctimas con toda nuestra solidaridad, y reventar la madriguera de las ratas que apretaron el gatillo para que su sangre impura riegue nuestros surcos”, como también dice La Marsellesa.

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